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LA REGULACIÓN ENERGÉTICA |
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II – LA ENERGÍA DEL ALMA 1 – ALMA Y CUERPO. En el capítulo I,
2 habíamos visto como el hombre era un ser que participaba de la
cualidad dual del mundo, con la peculiaridad de ser la criatura en la
cual mayor importancia tiene el contenido respecto a la forma. Habíamos visto
también como Occidente llegaba a demostrar, a través de la
ciencia, que todo, incluso la materia, es energía. Y veíamos la
concepción que Oriente ha tenido del hombre como ser de
contenido energético, y de la importancia de este contenido en relación
al sentido de la vida. Hora es ya de que,
con estos prolegómenos, extraídos del sentido común, de la ciencia y
de la experimentación oriental, hablemos en profundidad del hombre. Si hasta la materia
es energía – y es Einstein el que lo demuestra –, con mucha mayor
razón lo será el interior, o "contenido" de esta forma
material que es el cuerpo físico. Hablar, por tanto, de un "alma"
de energía en el ser humano es hoy ya algo incontrovertible, y no
una simple cuestión de fe religiosa, la cual, a estas alturas, para
nada cuenta. Tenemos entonces, en
el hombre, un cuerpo material y un "contenido" de energía, o
alma, como expresión de la dualidad forma/contenido. Pero si la materia
es también energía, siendo lo más denso, todo en el hombre es energía. Consecuencias: 1 –
La concepción del hombre no puede ser dualista, como hecha de opuestos
enfrentados, al estilo de las religiones cristianas, sino que debe de
ser entendida como algo unitario y global. Es decir, el hombre no puede
ser entendido desde la mentalidad especializada y fraccionada con que le
trata la medicina convencional, sino desde el punto de partida de ser
una entidad unitaria entendible sólo desde la globalidad y desde la
energía. 2
– Como, en cualquier caso, el cuerpo del hombre es diferente a su
interior anímico hay que concluir que se trata de energías diferentes.
El hombre es, por tanto, un compuesto de energías diversas que se
compenetran unas a otras reaccionando entre sí. De este modo, las
causas en una cualquiera de estas energías producen efectos concretos
en las restantes energías. Y también, una energía cualquiera no puede
ser considerada de forma aislada, como si nada actuara sobre ella y como
si no ejerciera efectos sobre el resto. De momento
llamaremos "cuerpo físico" a la realidad material del
hombre formada por la energía más densa, la materia. Y llamaremos "alma"
a la realidad energética interior y profunda, de la cual el cuerpo físico
es sólo la forma, la expresión y el soporte. El alma es el
principio de vida, y el cuerpo es la forma concreta que esa vida
adquiere a efectos de vivir en el mundo material. Refirámonos, en
primer lugar al cuerpo físico, que es la parte "humana" del
hombre, por oposición al alma, que es su parte espiritual o
sobre-natural. Este cuerpo físico,
o soporte humano del hombre, es perecedero y dependiente del tiempo y
del espacio. El alma, por el contrario, es eterna y no depende de los
parámetros tiempo/espacio. Por cuerpo, o
soporte humano, entendemos aquí lo físico y lo psíquico, es decir, el
cuerpo propiamente dicho y la psique, entendiendo por ésta al conjunto
emocional y mental. Esta advertencia es
relevante porque muchas personas entienden que el alma, por oposición
al cuerpo, es la parte que piensa y siente, es decir, la psique humana,
cuando la realidad es que la psique es parte de la "forma"
humana material que constituye el soporte del alma de energía. Una es la energía
propiamente corporal, y otras las que se refieren a su psique, es decir,
a las emociones y al pensamiento. Estas diferentes
variantes de la energía propia del cuerpo humano se especifican en el Yoga
a través de diferentes formas de energía o prana. Muy
detallista a este respecto, mantiene una concepción que en nada ha
variado durante muchos siglos, lo cual es tema que para nada interesa
ahora relatar. Lo importante es
retener que el componente "humano" del hombre está formado
por su cuerpo físico y por su psique, a cuyo conjunto le llamamos
"cuerpo" o "forma externa". Por el contrario, su
interior de energía es el alma. El cuerpo es el vehículo
para andar sobre este mundo material, regido por el espacio, el tiempo y
las emociones. El alma es el SER del hombre, su realidad última
y trascendente, su vida propia fuera de tiempo y espacios, su YO
esencial. Esto no quiere decir
que el alma sea una substancia etérea y despersonalizada,
"disuelta en el Absoluto universal", o "parte de la Energía
cósmica". No, es cierto que
forma parte del Todo, y de la Energía cósmica, pero estando plenamente
dotada de carácter y de individualidad. Con un carácter e
individualidad no coincidente con el de la persona humana que habita en
esta vida, la cual es en gran parte dependiente de la genética heredada
y del entorno cultural, racial, político y social. Por eso, lo que
denominamos como "nuestro" carácter es, en gran parte, algo
que no es nuestro, sino heredado, o algo modelado por el entorno, lo
cual reduce en gran manera nuestra tan querida parcela de
individualidad. Sin embargo, el alma
tiene un carácter absolutamente propio, que le pertenece a ella misma,
y que, por lo tanto, goza de una total individualidad y personalidad. Esta forma de ser
del alma eterna del hombre, con carácter propio y plena individualidad,
no ha sido nunca entendida en Oriente, creyente más en un Nirvana,
o "más allá", en el cual las almas individuales se disolvían
para entrar a formar parte del Todo Universal. Occidente, por el
contrario, con una forma de ser mucho más individualizado, sentía
rechazo profundo por esta supuesta forma de ser del alma, desprovista de
carácter y "sustancia". Por eso en Occidente
se imagina el más allá como un trasunto de lo que es la tierra, negándose
a disolverse en ningún Éter universal. La realidad es que
es el alma –y no la persona humana, influida por todo un cúmulo de
circunstancias- la que posee la plena individualidad y carácter, el
cual solo se traduce en parte a la persona humana, y en la medida en que
esta está compenetrada con su alma. Por poner un ejemplo
inteligible diremos que las cosas ocurren de modo similar al actor que
representa a un personaje. Uno es el carácter del actor, y otro, que
puede ser muy diferente, el del personaje que le toca representar. Pues algo así ocurre entre el alma-actor, y la persona humana-/personaje. Y también puede decirse, como ocurre a veces con los actores, que los personajes representados, son encarnados con tanta fuerza por el actor que el propio carácter de éste se ve modificado por el de los personajes que representa.
2 – EVOLUCIÓN. Pero, si las
energías del cuerpo y del alma son tan diferentes, ¿cuál es la razón
para que estén ahora juntas?. En otras palabras, ¿cuál es el sentido
de la vida en la tierra?. El punto clave a
entender es que las almas no fueron creadas, en su origen, con su total
desarrollo, sino que se crearon con un "potencial" de
desarrollo que luego, ellas mismas, con su esfuerzo, deberían terminar
de completar. En las propias vidas
humanas tenemos el ejemplo. Los padres engendran al hijo, pero éste
luego tiene que crecer y desarrollarse en base al plano físico como en
el emocional y mental. Pues bien, de la
misma manera, el alma tiene que desarrollar la plenitud de su
potencialidad, pero de forma libre. De ella depende el que lo haga al
cien por cien, o al cincuenta, o al veinte. De esa manera, cada alma es
según ella misma se ha hecho, contribuyendo a completar en sí misma,
de forma libre, la labor creadora inicial. En la vida humana
tenemos el ejemplo. Unos aprovechan todas las oportunidades y ejercitan
su cuerpo físico, para desarrollarlo armónicamente, a la vez que se
preocupan también del desarrollo intelectual y emocional. Otros, por el
contrario, descuidan su cuerpo y su salud física y eluden el trabajo de
formarse culturalmente, eligiendo el camino fácil del menor esfuerzo. Por lo tanto, el
alma tiene que recrearse, y lo que ocurre en esta vida es una imagen de
lo que ocurre en el plano invisible del alma. Todo está relacionado. "Así como es
arriba, es abajo", decía Hermes Trimegisto refiriéndose a
esto mismo, a la correlación entre el plano espiritual y el plano
material, a la correlación entre el "contenido" y la
"forma", la cual es la expresión de aquella. Precisamente, uno de
los cometidos de la enseñanza de Jesús de Nazaret fue, en su
momento, la de explicar a las gentes – a las de entonces y a las de
ahora – esta correlación entre los dos mundos, el visible y el
invisible, enseñándoles a interesarse más por lo que ocurría en el
mundo invisible, causa última de cuanto ocurre en éste. Dos de sus
parábolas hacían expresa referencia a esta misión del alma de
desarrollar la capacidad recibida. Fueron la parábola "de las diez
minas" (Lc. 19, 11-27), y la "de los talentos" (Mt. 25,
14-30), de gran similitud una con otra (Nota: La "mina" era la
moneda tipo de Grecia; el "talento", la de Oriente). O sea, que de la
misma manera que el hombre "se hace a sí mismo", también el
alma se hace a sí misma, siendo el resultado alcanzado su
"premio" o su "castigo". Evidentemente, que no es lo
mismo alcanzar un valor final de cien, partiendo de diez, que quedarse
sólo en diez habiendo partido de cien. Por eso cada uno
puede decir que el alma SOY YO, y que yo me hago a mí mismo,
tanto en esta vida terrena de ahora, como para toda la eternidad. Por lo tanto, la
razón de esta vida terrena es la de permitir que el alma crezca y
evolucione. ¿Y cómo ocurre?.
Pues a través de ciertas "ayudas" que se concretan en dar al
alma las oportunidades que precisa para que, esforzándose se
desarrolle. La vida sólo se
desarrolla con el esfuerzo, y de la misma manera la vida del alma. En nuestro propio
cuerpo tenemos el ejemplo. Si alguien quiere
desarrollar su potencialidad de fuerza física, tiene que ejercitarse
con la gimnasia y el deporte a fin de conseguirlo. Y quien pretendiera
convertirse en atleta sin hacer otra cosa que dormir sería tachado de
loco. Pues también el
alma necesita desarrollarse, a través del esfuerzo, para conseguir sus
capacidades. ¿Y cuáles son estas?. Pues las capacidades morales: la
voluntad, el tesón, la paciencia, el desinterés y el amor. Para desarrollarse y
ejercitarse en ellas viene el alma a la tierra, es decir, a evolucionar. Pero no viene sola,
sino con muchas otras, "de su generación", que vienen
con el mismo objetivo a vivir la experiencia en esta tierra,
durante este tiempo de evolución. Por eso hay que
hablar de una evolución colectiva y de una evolución individual,
porque hay un crecimiento colectivo y un crecimiento individual. La
"humanidad", entendida como conjunto de almas que evolucionan
juntas en las mismas circunstancias, se desarrolla como conjunto,
colectivamente. Por eso el hombre
histórico cambia. Cambia en sus sentimientos, en sus conocimientos y,
sobre todo, en su capacidad de comprensión. No sentía ni
pensaba igual que nosotros el hombre medieval, ni éste era el mismo que
el primitivo, o que el hombre de las cavernas. Se da un proceso de
evolución colectiva, de forma que el desarrollo individual viene
condicionado, en parte, por los límites impuestos por el desarrollo
colectivo. El individuo puede
ser cauce de estímulo o de freno para el colectivo en el que vive. De
la misma forma, este colectivo es, para el individuo, fuente de
posibilidades o límite para las mismas. Y también en este
plano de la evolución colectiva se da la semejanza con lo que ocurre en
la vida humana biológica e individual, de forma que siempre tenga el
hombre un modelo preciso bien cercano y presente de lo que es su
crecimiento espiritual, tanto individual como colectivo. Debido a esa
semejanza podemos reconocer, en el desarrollo colectivo,
"edades" de crecimiento, en todo similares a las del
crecimiento humano. Una es la edad
del recién nacido, que es semejante a la edad del hombre
prehistórico. Otra es la edad
del niño dependiente de la madre, semejante a la del hombre
primitivo, relacionado con las diosas de la fertilidad y con la tierra,
aferrado a las tradiciones y de carácter gregario. Otra es la edad
del joven, que comienza a relacionarse con el padre y a vivir ya de
sentimientos afectivos amorosos, semejante esta edad con esa de la
humanidad ilusionada que comienza a vivir el vivir el patriarcado
primero y el cristianismo luego, la religión del padre y del amor. Otra es la edad
adulta, la edad del que se independiza del padre para vivir con sus
propias fuerzas y recursos, aprendiendo de los propios errores,
semejante a la del hombre que, alejado de la tutela de la Iglesia,
comienza a vivir desde su razón. Es la edad que se inicia en el
Renacimiento, dando origen al racionalismo científico, y que está en
sus últimos momentos. Finalmente, otra
edad es la de la persona que, no sólo es adulta, sino que, además,
ha alcanzado la plena madurez. Este es el caso de esa minoría de
la humanidad que, en el tiempo que queda, aprenderá a vivir desde la
plena responsabilidad de su alma, sin tutelas religiosas ni dogmatismos
científicos. Por lo tanto, cada
momento histórico se encuadra dentro de una "edad" evolutiva,
la cual condiciona su manera de comportamiento y su capacidad de
comprensión, imponiendo unos límites – de "edad" colectiva
– que el individuo no puede superar. Y esto ocurre porque, a pesar de
las enormes diferencias entre unas almas y otras, todas deben de marchar
al unísono, ayudándose mutuamente, siendo ejemplo unas para otras, y
construyendo entre todas el mundo en el que se vive y convive. De esta manera hasta
los más avanzados en su evolución deben de acomodar su paso al del
colectivo al que pertenecen, sirviendo mejor al desarrollo de éste. 3
– LAS REENCARNACIONES. Los límites
impuestos por el desarrollo colectivo hacen que nunca un alma pueda
desarrollarse plenamente en una sola vida, por mucho que se esfuerce,
porque está limitada en su desarrollo individual por los límites
propios de la "edad" colectiva en la que vive en cada momento. De esta manera, cada
edad colectiva tiene unas metas de desarrollo propias, tanto en lo
afectivo, como en la comprensión. Por eso mismo, un niño – incluso
si es superdotado – vive la infancia dentro de unos parámetros de
desarrollo que son comunes a todos los otros niños, teniendo que
evolucionar de la misma manera. Unos, más listos o dotados, lo hacen
con más rapidez, pero todos pasan por las mismas etapas de desarrollo,
pudiendo recibir la misma enseñanza de forma colectiva. El más dotado
se verá algo retrasado, y el menos excesivamente exigido, pero todos
forman un colectivo que pasa por similares circunstancias. Esto motiva que la
evolución individual no pueda ser alcanzada en una sola vida, lo que
impone la necesidad de vivir repetidas veces la misma experiencia de la
vida, la cual se vive cada vez de forma diferente. Volviendo al ejemplo
anterior del actor, vemos que para que se ejercite en sus capacidades
dramáticas tiene que tener la oportunidad de representar una gran
diversidad de personajes. Unas veces hace de rey y otras de mendigo.
Unas veces la obra es un drama y otras una comedia. Pues, en forma
similar, se hace el alma, a través de diferentes vidas y oportunidades,
tantas como desee y necesite. De lo contrario, el
vivir una sola vida sería la mayor de las injusticias, pues las
condiciones son muy diferentes para unos y para otros. En este error tan
básico caen las Iglesias cristianas, negadoras de la reencarnación y,
en consecuencia, de la necesidad de evolución de las almas. Pero en las Iglesias
cristianas, el alma se "salva" o se condena, va al cielo o va
al infierno, y esto en base sólo a su fe, recibida de la Iglesia. Todo
de forma pasiva, otorgada, tutelada, sin libertad, sin oportunidades y
sin justicia. Demasiado disparate que alguna vez tendrán que reconocer.
Por su parte, en Oriente siempre ha existido la creencia en la
reencarnación como medio de evolución, pero con errores también. El más importante
es, quizás, el de creer que el alma que actúa mal se reencarna en la
siguiente vida bajo la forma de algún animal inferior, lo cual es un
sin sentido. El cuerpo no es algo
separado del alma, sino su expresión. Por eso un alma humana sólo
puede utilizar una "forma" afín a ella, como es el
cuerpo humano, y nunca un cuerpo y una energía de animal. El origen de estos
errores proviene de épocas remotas, en las que se creó esta
enseñanza. Pero como el hombre tiende a hacer de toda enseñanza una
doctrina – y esto ha ocurrido por igual en Oriente que en Occidente
–, y a conferir a esta el carácter de autoridad, tanto mayor cuanto
más antigua sea, las formas de pensar se mantienen invariables,
conservando los defectos originales. No se cae en la
cuenta de que la forma de pensar que es avanzada para una
"edad" evolutiva y un momento histórico se queda atrasada
unos cuantos siglos después, pues a todo momento evolutivo corresponde
una determinada capacidad de comprensión. Así, a un niño
pequeño se le habla de que los niños los trae "la cigüeña"
y los regalos los Reyes Magos, pero en cuanto se hace un poco mayor se
le habla con otra claridad. La reencarnación es
una forma, además, de solucionar el karma originado en vidas
anteriores, o en la vida presente. ¿Cómo solucionar las "deudas"
con otros si la vida termina sin conceder la oportunidad de hacerlo?. Las almas tienen que
volver a encontrarse, en otras oportunidades, para que las deudas se
salden y nada ate a un alma con otra. Luego, cada alma
anda, en cada vida, su camino particular, de acuerdo a sus necesidades
de evolución, diferente a las de los demás. Son muchas las
lecciones a aprender, y cada vida debe de ir facilitando este
aprendizaje. Por eso los
"caminos" son tan dispares unos de otros. Lo que para un alma
es bueno y necesario, para otra es insuficiente, y para una tercera
imposible. Hay personas que lo
que necesitan es aprender algo tan elemental como no hacer daño a los
demás, lección que a veces tienen que aprender pasando ellos por las
consecuencias de ese mismo daño. Otros tienen
necesidad de aprender a desarrollar cualidades muy básicas, como el
trabajo, la honradez, la austeridad. Para algunos la
necesidad evolutiva es la de aprender a actuar de forma desinteresada,
desprendiéndose del yo, como era el caso de las "Vías"
de espiritualidad de Japón. En ellas se conjugaba el aprendizaje de la
disciplina, el orden y la constancia, junto con el objetivo más elevado
del desprendimiento del ego. En otros casos es
posible que el alma haya venido a la tierra para sufrir el papel de
víctima de forma voluntaria, para ayudar así a la evolución
individual de otros y a la colectiva. Y, finalmente, en el
peldaño más alto, está el aprendizaje del amor. No del amor que tiene
que ver con la atracción física, ni con el enamoramiento sentimental y
pasajero, sino del amor incondicional y desinteresado que sólo procede
del alma. 4 – LAS TRADICIONES RELIGIOSAS. En general las
tradiciones religiosas tienen sentido solamente dentro de determinado
nivel evolutivo del alma. Lo que ocurre es que, como dentro de cada
sociedad hay almas de todos los niveles, siempre se encuentran personas
adictas a las mismas. Las tradiciones
religiosas han tenido la misión de enseñar el camino a las personas
ignorantes de la verdad. Ninguna de ellas
tiene la verdad, pero marcan la dirección hacia donde encaminar los
pasos. Son, por lo tanto,
una guía externa a falta de una conciencia desarrollada. Necesariamente
están dirigidas a personas situadas en un nivel evolutivo poco
desarrollado, que no han llegado todavía a la edad adulta, y que por
eso necesitan que se les lleve de la mano, diciéndoles lo que está
"bien" y lo que está "mal". No se cae en la
cuenta de que los términos "bueno" o "malo" son
sólo relativos, y que lo conveniente o inconveniente para cada alma no
puede ser legislado – salvo en términos muy elementales, como se
hacía en la Ley de Moisés – con carácter general. Las religiones
tutelan, guían, conducen, llevan de la mano, declarándose ser los
únicos caminos hacia la verdad. Todo esto lleva a
dos consecuencias: - Una, la de que
quienes siguen este tipo de caminos carecen de la libertad propia de
toda persona adulta. Libertad que debe de ser compatible con el error,
pues del error se aprende. Sin embargo, quienes
renuncian a su libertad, por miedo al error, lo que están poniendo de
manifiesto es la dependencia propia de la edad infantil espiritual en
que se encuentran. - Y otra, la falta
de madurez de quienes se muestran como guías espirituales, pues el
objetivo del hombre no es el encontrar la verdad, sino el de
evolucionar, como almas, hasta alcanzar la libertad del adulto primero y
la madurez después. En cuanto a la
"verdad", será siempre relativa y dependiente del nivel
alcanzado. En todo caso será siempre una consecuencia de la evolución,
pero nunca el objetivo de ésta. El problema es que
los mensajes religiosos se dan, inicialmente, por personas
evolucionadas, como ayuda desinteresada, pero son luego los seguidores
los que los convierten en religiones dogmáticas y en instrumento de
poder. Además, la
ignorancia de las gentes hace que lo que oyen lo conviertan en doctrina
infalible para todos los tiempos, en verdad absoluta inmodificable,
cuando lo cierto es que la enseñanza fue dicha pensando en un momento
evolutivo determinado. Por lo tanto, en momentos posteriores esta
enseñanza debe evolucionar si no se quiere que, de ser camino de
evolución, se convierta en obstáculo para ella. La dogmatización de
las enseñanzas originales – que se convierten así en tradición
sagrada y en doctrina infalible – junto con la estructura de poder que
se monta alrededor de todo grupo humano, han sido las dos grandes lacras
de las religiones, tanto en Oriente como en Occidente. Ninguna relación
posee la verdad. Y la mejor prueba de ello es que todas las religiones
son sistemas estancados, insensibles a la evolución, por lo que su
valor como guía y enseñanza queda automáticamente limitado. Además, la
progresión en libertad es lo que caracteriza al verdadero crecimiento,
y ésta es incompatible con la sumisión permanente a guías, líderes
religiosos y enseñanzas dogmáticas. La enseñanza de Jesús
de Nazaret, por ejemplo, tenía dos niveles. Uno de ellos estaba
dirigido al estado evolutivo de las personas de ese tiempo, ancladas en
la tradición mosaica y en la apreciación sola de lo externo. En ese nivel de
enseñanza se trataba de que las gentes aprendieran a ver en el interior
de las cosas, diferenciando lo que es sólo "forma"
externa de lo que es el espíritu interior, la intención. Dentro de ese nivel
estaba también el acercarles a una idea de Dios más próxima, como es
la de Padre. Pero esta relación con Dios, concebida como Padre, es
sólo propia de un estado evolutivo todavía dependiente, al modo como
el joven depende aún del padre. En otro nivel de
enseñanza, este ya para cualquier tiempo futuro, estaba el mandamiento
del amor y el comenzar a hablarles del alma en forma de
parábolas, para que sólo con el tiempo los más avanzados pudieran
entender el mensaje como él mismo les declaró. Todo lo demás,
añadido posteriormente por las Iglesias cristianas, con sus
sacramentos, dogmas y ritos es puro basura que contradice el mensaje
original. Por otra parte, en
el tiempo de Jesús la idea de la reencarnación era común entre las
gentes, y Jesús les reafirma en ella, por más que la Iglesia haya
incurrido en el supino error de eliminarla posteriormente, señal de su
falta de luz interior. Jesús no sólo les
habló de la reencarnación, sino que les insistió en el valor de la
vida como camino de evolución, ya que evolución y reencarnación son
realidades que se necesitan mutuamente. En cuanto a las
religiones de Oriente, son, en general, anteriores al cristianismo (Buda
predicó 500 años a. C.). Y, frente a sus grandes aportaciones, como ya
se ha explicado, está la gran carencia de la enseñanza del amor, sin
el cual el desarrollo del alma no puede llevarse a sus últimos niveles. Sin embargo, debido
precisamente a la reencarnación, todas las personas han tenido la
oportunidad, en una u otra vida, de recibir ese mensaje del amor y de
intentar ponerlo en práctica. No hay, por eso, discriminación alguna
entre Oriente y Occidente. El chino de hoy quizás fue europeo en la
vida anterior, y viceversa. Todo esto se explica
para que pueda entenderse, aunque sea de forma elemental, lo que es el
alma, el "contenido" que da origen a esa "forma"
que es el ser humano de carne y hueso. Porque, ¿cómo
entender al ser humano material, que es "forma", sin
aceptar ni entender que surge como consecuencia de un "contenido"
previo que es su alma? Por otra parte,
"contenido" y "forma", alma y cuerpo, están
continuamente interaccionando, y en esa interacción la energía vital
juega un papel determinante, como veremos a continuación.
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