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LA REGULACIÓN ENERGÉTICA |
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IV
– SALUD Y ENFERMEDAD
1 – LAS DOS ACTITUDES Y LOS DOS
CAMINOS. La primera cuestión
a considerar es que la gente, al hablar de salud, enfermedad o curación,
sólo se refiere al cuerpo físico, lo cual es partir ya de un supuesto
parcial que no permite entender su significado. La enfermedad, o
carencia de salud, es una consecuencia que se da en algo determinado,
que es la persona. Por eso hay que entender las causas y también lo que
es esa persona en la cual aparecen esas consecuencias. Por eso, también,
hay que volver a la concepción dualista que expusimos en el comienzo. Si el hombre sólo
considera el mundo exterior de las "formas", buscará la salud
y la curación en el exterior, a través de agentes externos que actúen
sobre él. Es decir, buscará que algo, o alguien, le dé la salud. Pero
esta forma de entender, la curación como algo que se recibe
implica inevitablemente una actitud pasiva, como la de la persona que le
dice al médico "me pongo en sus manos". Otra es la actitud
de la persona que, conscientemente o no, vive su mundo interior. Este
tipo de persona, y cada vez más, intentará buscar la salud por sí
misma, como algo a conseguir por ella, como el resultado de un esfuerzo,
no como algo a recibir y menos gratuitamente. Esta actitud ante la
salud y la enfermedad es esencialmente activa y responsable, al
contrario que la anterior. En el primer caso,
la curación se intentará conseguir "de fuera hacia dentro",
por la fuerza del agente externo, casi siempre la medicación. En el segundo, la
curación se intentará movilizando, en primer término, los recursos de
la propia persona, es decir "desde dentro". ¿Cuáles son esos
recursos? : Los contenidos en el interior de esa persona. En primer lugar su
propia capacidad curativa, que reside en la energía y en el alma, activándolas
adecuadamente. En segundo lugar, siendo uno el que tome las decisiones,
no dejando que sean otros los que las tomen en vez de uno. O sea, que en
consonancia con la dualidad del ser humano, se dan dos actitudes
diferentes en torno a la enfermedad y la curación: Una, basada en la búsqueda
de lo externo y en la pasividad; la otra, basada en la activación de
los recursos propios y en la responsabilidad. Ni que decir tiene que la R.E.
está únicamente dirigida a aquellas personas que quieren seguir este
segundo camino, el de la consecución de la salud como resultado del
esfuerzo propio. De ahí la importancia de aclarar previamente los
conceptos de salud, de enfermedad y de curación. En el extremo
opuesto a la R.E. se encuentra la medicina oficial, con su
Seguridad Social gratuita, que trata a las personas de forma pasiva,
como meros pacientes y espectadores de lo que acontece entre la
"enfermedad" y el médico. En este sentido hay
pocas diferencias entre medicinas convencionales y medicinas
alternativas, si la actitud es la misma. Poco cambia el que, en vez de
medicamentos, se receten hierbas o productos naturales. Lo importante,
lo que cuenta, es la actitud de buscar fuera de uno, de forma pasiva, o
dentro de uno, a partir de los propios recursos. Para la medicina, el
"paciente" no tiene recursos para vencer a la enfermedad. Es
la medicina la que los tiene y aplica. Por eso el paciente nada cuenta,
siendo su obligación la de "dejar hacer" y la de no hacer
preguntas. Pasividad y obediencia. Frente a esta
actitud mayoritaria, por desgracia, está la de las personas que saben
que hay una estrecha relación entre su vida y su enfermedad, y que
saben, o intuyen, que es mucho lo que uno puede hacer por sí mismo.
La acción sobre el
problema puede realizarse desde fuera, como enseñan las
medicinas, o desde dentro, movilizando los recursos energéticos
de la persona. Cuando la persona se
considera a sí misma un ser vacío, adopta una actitud pasiva y de
evasión. El objetivo es deshacerse de la enfermedad cuanto antes, de la
forma más cómoda posible. Por el contrario, si
la persona se siente como un interior pleno de fuerza entenderá la
enfermedad como algo a afrontar de forma directa, como una ocasión para
probarse a sí mismo. 2 – EL SENTIDO DE LA ENFERMEDAD. Toda enfermedad
supone un hito importante en la vida, algo que no puede ser pasado por
alto. Muchas son las vidas
que han cambiado a causa de una enfermedad, que se han transformado de
forma radical. Unas veces la
enfermedad es la consecuencia de actos equivocados de nuestra vida. En
ese caso, hay que pararse, analizar, y entender que no se trata sólo de
salir del apuro, sino de cambiar. De hecho, curar,
significa cambio, pasar de una situación de desequilibrio a otra de
equilibrio. Pero aún son mayoría
las personas que creen que ese paso del desequilibrio al equilibrio –
si es auténtico, claro – puede darse al margen de ellas mismas, sin
contar con ellas, sin el menor cambio en ellas. Es increíble pero es así. Creen que la
enfermedad es "una desgracia" que les ha acaecido, de la cual
hay que desembarazarse lo antes posible, como quien se quita una
chaqueta, sin realizar uno el menor cambio. ¿Para qué, si es una cosa
que "sucede"?. Pero las cosas no
son así. Las cosas no "suceden", sino que ocurren como
consecuencia de algo. Y si la causa es el error en la forma de vida,
como suele ser frecuente, necesitará descubrirse y enmendarse, si no se
quiere que el problema se perpetúe de forma recurrente. Por lo tanto, si la
curación es cambio, algo habrá que cambiar en nosotros, en nuestro
beneficio. Por eso la
enfermedad, en estos casos, es causa de autoanálisis, de comprensión y
de cambio en nosotros. La verdadera curación
debe de ir acompañada de una comprensión de las causas, las cuales
deben de ser explicadas por el terapeuta a la persona, además de por
una correcta enseñanza sobre el cómo vivir de la manera adecuada de
cara al futuro. O sea, que curar no
es sólo la acción técnica curativa, sino que incluye – o debe
incluir – la explicación de las causas y la enseñanza de cómo
vivir. De esta manera, toda medicina debería de ser, antes que nada,
una enseñanza. Pero otras veces la
enfermedad que sobreviene no ocurre por culpa nuestra, en el sentido de
que no es la consecuencia directa de errores nuestros anteriores. En este caso, que es
muy frecuente, la enfermedad se produce como una experiencia necesaria
dentro del destino que es nuestra vida, como forma de aprendizaje y de
fortalecimiento, incluso si termina en muerte. Este sentido de la
enfermedad no puede entenderse si no se sabe antes que somos alma, que
venimos para evolucionar y pasar pruebas, y que toda prueba es un
fortalecimiento y un aprendizaje. Tampoco en este caso
la enfermedad será una lotería, sino algo personal íntimamente
relacionado con nuestro YO profundo y su necesidad de evolución.
Por eso, tampoco es algo ante lo que cerrar los ojos y echar a correr,
sino algo a enfrentar de forma consciente y valiente. "Mi"
enfermedad forma entonces parte de mí. Es el yo y la circunstancia,
inseparables ambos, unidos por un objetivo común: la necesidad del
alma. En este caso – con tanta o más razón que en el anterior, pues
se trata de causas más profundas, que tienen que ver con el alma – la
ocasión debe de ser motivo para enfrentar la vida, comprender, y
movilizar el total de la fuerza interior. Es la ocasión para
fortalecerse y cambiar, para esforzarse al máximo y dar lo mejor de sí. En este caso la
enfermedad es un medio para cambiar de manera profunda, para detenerse,
parar la vida y tomar conciencia de muchas cosas. Es un medio para
desarrollar al máximo la fuerza de nuestro interior a través de la
lucha por la superación de la enfermedad, acabe ese esfuerzo en curación
o en muerte. No se trata de
"salvar la vida", sino de cambiar, de superar esa experiencia
traumática, de utilizarla en nuestro provecho y servicio. Al final, ¿qué
importa vivir más o menos?. ¿Quién puede decir lo que debemos vivir?.
Quizás la superación de esa prueba es la ocasión para poder terminar
esta vida y morir tranquilamente. ¿Qué sabemos de eso las personas?. La muerte es
necesaria. ¿Quién puede decir que sea bueno añadir un día más a la
vida, una vez que ésta deba concluir?. No se trata por
tanto de "prolongar la vida", y menos a cualquier precio, sino
de pasar por esa prueba de la enfermedad con los ojos abiertos,
aprendiendo y luchando al máximo para, de esa forma, ejercitar nuestra
fuerza interior, que es la fuerza del alma. Luchar contra la
muerte no tiene objeto. Esta, en su momento, y de la forma necesaria, es
buena y deseable. Luchar por la vida
es diferente. La muerte debería
llegar no a causa de errores, sino como necesaria conclusión de la
vida. Lo importante no es
"curar" a cualquier precio, sino activar las fuerzas vitales
para vivir, si hay que vivir, y para morir, si es que hay que morir. Ciertamente que las
tremendas dosis de medicación y de agresiones que se aplican a las
personas en estados terminales en los hospitales son causa de que la
muerte se convierta en algo terrible, lleno de ansiedad, angustia y
dolor. Pero eso es porque ni se ha aprendido a vivir, ni a pasar la
enfermedad, ni a morir. Mi experiencia
personal con las muchas personas a las que he atendido en estados
terminales es la de que todas ellas han muerto de forma
tranquila, sin dolores ni angustias, en armonía consigo mismos, de
forma envidiable. Y por lo que se
refiere a la experiencia de quienes vienen habitualmente a la R.E.,
acaban entendiendo que la recuperación de la salud es un proceso de
lucha y esfuerzo, que tiene que ser ganado por uno, no recibido de forma
fácil ni gratuita. Y también que ese proceso de recuperación implica
una enseñanza y un aprendizaje, de modo que éste se acaba convirtiendo
finalmente en algo mucho más valioso que la superación misma del
problema. Más aún, la superación del problema puede depender de la
asimilación de ese aprendizaje, de modo que si nos cerramos a él, la
curación puede prolongarse mucho más tiempo del que hubiera sido
necesario. Y es que la enfermedad encierra en sí una enseñanza que hay
que aprender y que posiblemente sea de capital importancia en nuestra
vida. 3 – EL SENTIDO DE LA SALUD. La salud no es la
ausencia de enfermedad, sino la consecuencia del estado de equilibrio
energético. Tampoco es algo que
se produzca de forma estable. Por dos razones: Porque nuestra propia
energía está cambiando continuamente. Y también porque las
circunstancias externas cambian, obligándonos a enfrentarnos a ellas. En realidad estas
circunstancias son, la mayor parte de las veces, motivo de
desequilibrio: tensiones, trabajo físico o mental, desajustes
emocionales, fracasos, miedos, sucesos dolorosos, etc. Todo eso actúa
en nosotros, y contra todo ello debe de actuar nuestra capacidad de
respuesta interior. Unas veces esa circunstancia, y sus efectos, se
superan; otras veces quedan parte de sus consecuencias, que modifican
nuestra forma de ser. Por eso el
mantenimiento de la salud exige un esfuerzo continuo y diario, no una
atención ocasional una vez que se ha perdido. Este es uno de los
grandes aprendizajes que le quedan al hombre, que aún no ha realizado,
el de aprender a vivir en salud. De esta manera, si
este aprendizaje se llevara a la práctica, no habría que preocuparse,
salvo raras veces, de recuperar la salud. Entonces, la salud, y no el
estado de ansiedad crónica, sería el estado normal de vida. No existe la
frontera entre la salud y la enfermedad. Ni la salud completa existe, ni
la enfermedad existe como tal. Sólo hay estados de mayor o menor
desequilibrio. Lo que sucede es
que, a partir de determinado estado de desequilibrio, decimos que se está
enfermo. Pero todos los "sanos" tienen desequilibrios que
superar y todos los enfermos tienen en sí parte de salud y mucha
capacidad de curación. En mi experiencia,
trabajando con la R.E., nunca he visto una enfermedad. En esto
doy la razón a Hipócrates que decía que "no hay
enfermedades, sino enfermos". Sólo he visto a personas con
desequilibrios, y nunca a dos casos iguales. Cada una con su diferente
circunstancia, tanto en la físico, como en la psíquico o en lo energético.
Y cada una, también, en un punto diferente del camino evolutivo, con
deferentes capacidades de comprensión, y con diferentes aprendizajes
que realizar. Nada que ver unas con otras. Nunca he tenido dos casos
similares. Para mí, lo que
ellos llamaban "enfermedad" era sólo una cuestión de falta
de salud. Y lo que ellos llamaban "curación", un problema de
recuperación de esa salud. Es decir, que cada
persona tiene un camino personal que recuperar, un esfuerzo por
realizar, una lección por aprender. Cada paso es personal. Pero esto
ocurre porque yo los trato, a través de la R.E., como a seres
totalmente individualizados, resultado de lo que son en su interior, y
los trato desde el interior, con su propia fuerza de recuperación, que
nada tiene que ver con la fuerza de otro. Lo cual no es el
caso de la medicina, que trata a todos de manera uniforme, como simples
objetos de medicación, sin tener en cuenta para nada su interior ni su
capacidad de reacción, ni sus circunstancias personales. Entonces, desde esa
abstracción y generalización, es desde donde surgen las
"enfermedades", las cuales son una simplificación que los médicos
precisan realizar ya que no quieren entenderse con personas, quizás
porque las ignoran, no las quieren ver, o no las saben ver. Además, al tratar a
las personas con medicación, se anulan las reacciones individuales de
su energía, produciendo siempre reacciones artificiales que nada tienen
que ver con los procesos curativos que surgen al trabajar con la energía. Al practicar la R.E.
se ve que cada proceso curativo es único. En cambio, desde la óptica
de la medicina, sólo hay enfermedades, no personas, y cada enfermedad
tiene su tratamiento específico, independientemente de la persona. Y es
que la medicina basada en la química anula a las personas y las reduce
a pacientes de una enfermedad. Los médicos y la
medicina tratan enfermedades. Ese es su problema. La R.E. se
ocupa sólo de producir procesos curativos, los cuales nada
tienen que ver unos con otros. Uno es el camino de
la enfermedad, que es el de la medicina; otro el camino de la salud, que
es el de la R.E. Por eso, hasta el
mismo nombre de terapia, aplicado a la R.E., me parece impropio,
aunque hablo de terapia para que la gente entienda. Pero terapia tiene
que ver con agente curativo poseedor de su propia fuerza – la de la técnica
a aplicar, la del medicamento, o la de quién practica la terapia –,
en tanto que, en la R.E. sólo existe la propia fuerza de la
persona que se dirige hacia la salud. Por eso la R.E.
es, ante todo, un camino de salud. Pero la salud no se
refiere sólo al cuerpo físico, como se cree. La salud se refiere
a la persona en la totalidad que es. Y, en ese verdadero sentido,
la salud implica un equilibrio de todos los componentes de su ser, que
incluyen al cuerpo, con su psique, a su energía vital y a su alma,
porque también el alma se puede beneficiar. El alma es una
realidad, encajada en el cuerpo a través de la energía vital, no una
entelequia relativa sólo a una especialidad del conocimiento, llámese
ésta religión o espiritualidad. No, el alma es una realidad que actúa,
que da y que recibe. Por eso, al trabajar
en el campo de la salud, es importante poder llegar a poner en contacto
a todos esos componentes del ser que son cuerpo, energía y alma, porque
el grado de salud al que podamos aspirar va a depender de la forma en
que se logre esa unidad. Ya hemos visto como
muchas enfermedades proceden de la necesidad del alma, como forma de
purificación o de fortalecimiento. Pero en el resto de
los casos, ¿de qué depende la salud?. Una es la salud
heredada, que depende de dos factores:
Otra es la salud que hacemos, la cual depende de otros factores:
Por poner un
ejemplo, podemos decir que la energía es similar al caudal del agua de
un río, en tanto que la genética es similar al terreno por el que debe
de transitar el río. A veces la energía se expresa a través de una
genética favorable, que permite que fluya fácilmente el río de la
energía, en tanto que otras la energía atraviesa un terreno lleno de
altos y bajos, con sitios en los que el agua se estanca. También se deduce
de lo anterior que la forma en la que el hombre puede influir realmente
en su salud es a través de uno sólo de los cuatro factores que la
definen, que es el de la forma de vida. No podemos influir
en la herencia, y sólo poco en las circunstancias de nuestra vida. Pero
sí que podemos influir en la forma en que la vivimos y cuidamos. Así,
lo que tenemos como herencia, sea mucho o poco, podemos conservarlo o
dilapidarlo. Y, si tenemos poco,
razón de más para conservarlo, lo cual exigirá de nosotros una atención
y un trabajo que se traducirá en evolución para nuestra alma. Esta forma de vida
debe de tender a conseguir dos cosas: 1
– La mayor recarga energética. De dos formas posibles. Una, tomando
el máximo de energía a través de la respiración, la mejor alimentación,
el ejercicio, etc. Otra, evitando los innecesarios derroches energéticos. 2
– La mejor regulación de la energía de que dispongamos. A través de
técnicas de autorregulación de la energía, como son las basadas en la
respiración, el estiramiento y el centramiento, y a través de la Regulación
Energética practicada por alguien sobre nosotros si tenemos la
oportunidad de ello. En su defecto, otras
técnicas energéticas como el Shiatsu, el Seitai, la acupuntura, etc. Dentro de esta
regulación de la energía, debe de ocupar un puesto principal la
eliminación diaria de la ansiedad acumulada. Hay que insistir en
que una cosa es la acción de "curar enfermedades", cosa de médicos,
y otra, muy diferente, el enseñar y ayudar a recuperar la salud, como
es el caso de la R.E. La salud no puede
enseñarla quién antes no la haya vivido en sí mismo, pues cada uno sólo
puede dar de lo que tiene y conoce. Pero esto de vivir
la salud antes en uno mismo implica mucho. Implica un compromiso previo
con uno mismo, una implicación total de la persona en la actividad que
realiza, sin que quepa la frontera entre lo personal y lo profesional. Cuando se enseña
salud hay que vivir en salud. Y quién no tiene salud ni le importa, no
puede darla. Y la pregunta es, ¿cómo se puede curar sin dar salud?. Personalmente no lo
sé, pero esto es a lo que se dedican los médicos. Por esto sostengo
que la medicina poco o nada tiene que ver con la salud en sentido
verdadero. La patología puede
aprenderse en libros, y se puede aprender a recetar en caso de
enfermedades sin haberlas pasado previamente. Pero no ocurre así con la
salud y con sus técnicas curativas. ¿Cómo se puede
enseñar gimnasia sin haberla practicado nunca?. Todo lo que está
conectado con la vida real exige la experiencia previa del individuo, y
su maestría antes de pasar a la enseñanza. Por eso la medicina es algo
desvinculado de la realidad de la vida, aprendido sólo en libros o en
hospitales, pero nunca en sí mismo. Por eso los médicos
pueden fumar, beber, y ser tan ignorantes en salud como las personas a
las que tratan. Pero alguien que quiera practicar la R.E., o
cualquier otro camino de salud, como el higienismo, tiene antes que
haber experimentado mucho en sí mismo, durante años. Más aún tiene
que haber realizado antes en sí mismo lo que enseña, es decir, que
cada uno tiene que convertirse en la prueba de lo que se enseña. Evidentemente, esto
exige un grado de compromiso totalmente alejado del que pueda tener una
persona que elige sólo la medicina como camino profesional. Son dos formas de
entender la vida, de practicarla y de enseñarla diferentes. En el caso del médico todo está dirigido hacia el exterior; en el caso de la persona que enseña la salud todo parte de sí mismo, del propio interior: Uno es el camino hacia fuera; el otro es el camino hacia dentro, tanto en sí mismo como en los demás. Porque, ¿cómo enseñar a los demás a ir a su interior, a vivir desde sí mismos, si antes uno no ha realizado plenamente esta vivencia, si no se es ejemplo de como vivir desde sí mismo.
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