LA REGULACIÓN ENERGÉTICA

VI – LOS COMIENZOS

 

1 – LOS MEDIOS NECESARIOS.

Lo primero es el lugar de trabajo. Una habitación pequeña puede ser suficiente, pero lo mejor es que no sea menor de 3x4 metros. Deberá poseer luz natural y estar ventilada, con luz directa a la calle si es posible.

Sobre todo es importante que sea un lugar tranquilo y sin ruidos. La decoración simple, luminosa, con predominio de blanco. Que sea un lugar simple y bello. Las plantas naturales son su mejor decoración.

Hay que evitar olores artificiales, y nunca encender incienso, por mucho que eso atraiga a ciertas personas dadas a lo esotérico. La luz artificial, de tipo indirecto y suave. Después de cada tratamiento ventilar bien la habitación.

Si hay espacio suficiente puede haber dos ambientes. Uno, junto a la entrada, con piso de madera o cerámica, para andar calzados, equipado con una mesa sencilla y unas sillas para la entrevista previa.

El otro ambiente, el de tratamiento propiamente dicho, debe de estar equipado con moqueta de lana en el suelo o una alfombra.

Si la habitación está ya enmoquetada – sobre todo si esta moqueta es de fibra – se puede colocar encima una alfombra de lana, de unos 2x3 m. En las ventanas, colocar estores, para tamizar la luz.

Evitar que en la habitación pueda sonar el teléfono, a no ser de forma muy suave, casi imperceptible.

La temperatura de la sala debe de ser ligeramente superior a la normal teniendo en cuenta que la persona va a tener que estar tumbada en el suelo, inmóvil, durante un rato prolongado. Esto por lo que hace al espacio.

El equipo de trabajo, muy simple, consta de los siguientes elementos: Una colchoneta delgada, de unos 2 cm de grueso, y de dimensiones 80x170 cm, cubierta por una sábana blanca de algodón, de 120x170, a fin de remeterla por los laterales solamente.

Sobre la sábana blanca, en la zona en la que se vaya a apoyar la cabeza de la persona, convendrá disponer de una servilleta blanca de papel, de unos 30 cm de lado, que se tirará al terminar el tratamiento.

Personalmente recomiendo la utilización de una pequeña banqueta para sentarse, en el caso de tratarse de occidentales no acostumbrados a la postura "seiza", japonesa, sobre los talones. Hay que tener en cuenta que la postura hay que mantenerla durante muchas horas al día con facilidad, y que, además, esta postura prolongada no debe causarnos problemas serios en las rodillas, piernas o tobillos. Si la persona que trabaja no lo hace de forma cómoda, será imposible que pueda concentrarse y hacerlo bien. Al contrario, estará intranquilo y deseando terminar.

La banqueta que yo he diseñado, y uso, tiene un asiento redondo y plano de 24cm de diámetro, y una altura de 12cm, la cual puede variar, para principiantes, hasta los 16cm. Está realizado en pino barnizado y posee los bordes redondeados

 

La banqueta que yo he diseñado, y uso, tiene un asiento redondo y plano de 24cm de diámetro, y una altura de 12cm, la cual puede variar, para principiantes, hasta los 16cm. Está realizado en pino barnizado y posee los Cantos redondeados.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fig. 34

Cuando se trabaja con un banco inclinado, esa inclinación incide en una mayor curvatura de lumbares y en un mayor cansancio de hombros y de cervicales. En la práctica, no es lo mismo "meditar" durante media hora que pasarse trabajando sobre el banco ocho horas seguidas. Lo importante es que la postura sea cómoda, que no cree problemas derivados, que permita mantener la columna derecha, los hombros relajados y un buen centramiento sobre el vientre.

Aparte del banco es bueno disponer de algún medio de música ambiental (dotado de "reverse" o de retorno automático). La música debe de ser suave, tranquila y relajante. No es música para ser seguida con atención, sino, todo lo contrario, sólo como acompañamiento.

Finalmente, tendremos a mano unas hojas con la ficha de la persona en las que iremos apuntando, de forma breve, las incidencias del tratamiento.

Queda hacer referencia a la forma de vestir.

El practicante deberá vestir ropa suave de algodón, preferiblemente blanca. Una camisa holgada, de manga corta, y un pantalón cómodo, del mismo tipo, que permita facilidad de movimientos. Mejor si está específicamente diseñado para el trabajo, sin cremalleras ni elementos accesorios, con un simple cordón a la cintura para atarlo.

Deberemos evitar todo tipo de colonias, lacas, perfumes, lociones o desodorantes. Incluso el jabón que usemos para las manos es mejor que no esté perfumado.

A la persona que viene a la sesión de R.E. le pediremos que vista ropas de algodón o de lana, evitando los tejidos acrílicos y las prendas de cuero, por lo mucho que dificultan el paso de la energía. Que sean ropas cómodas, sin cinturones, hebillas, cremalleras, hombreras, chapas, y todos aquellos elementos que puedan dificultar el contacto de las manos con el cuerpo. Por lo demás, no hay problema en practicar sobre ella manteniendo la ropa puesta. Le insistiremos – sobre todo si es mujer – que renuncie a venir con perfumes, lacas, maquillajes, pinturas y todo tipo de productos artificiales al uso. Le pediremos se despoje de la chaqueta, zapatos, cinturones, contenido de los bolsillos, y hombreras. También le habremos pedido que venga provista de unos calcetines de repuesto, de algodón para ponérselos en ese momento.

En cualquier caso es importante que la persona que entra a pisar la moqueta del tratamiento lo haga con calcetines limpios y nuevos. Además, está la higiene de las manos de quién trabaja, y el hecho de que los pies desnudos durante el tratamiento son causa de frío para la persona tumbada.

El espacio de la moqueta del tratamiento debe de ser respetado como el "tatami" del "Dojo", de forma que no se pueda entrar a ese pequeño espacio con los pies calzados ni con los calcetines sucios con los que se ha andado todo el día. Esto, que es elemental para cualquier oriental, resulta a veces difícil de hacérselo entender a los occidentales.

La postura para el tratamiento, propiamente dicho, será la de tumbado en el suelo, sobre la colchoneta, boca arriba o boca abajo, según le indiquemos, con los brazos separados y las piernas relajadas y abiertas. El pantalón desabrochado.

Durante el tratamiento la persona permanecerá con los ojos cerrados, sintiendo su cuerpo y los cambios del mismo, y respirando lentamente, a ser posible con el vientre. Todo el trabajo se realizará en silencio, dejando las preguntas para después del tratamiento, una vez este haya concluido.

 

2 – LA PREPARACIÓN.

Es de dos tipos. Por una parte debe darse una preparación profunda a largo plazo, lo que garantiza que la persona que accede a la práctica de la R.E. lo hace por necesidad interior, y no por un simple deseo de curiosidad.

Esta preparación a largo plazo implica un trabajo constante consigo mismo, una depuración corporal, una clara percepción del cuerpo, una buena actitud postural, y una amplia experiencia en trabajos de interiorización: puede haber sido un practicante de yoga, de tai-chi, de expresión corporal, de macrobiótica, de vegetarianismo, de higienismo, de bioenergética, de katsugen, etc.

Lo importante es que él esté ya en condiciones de aprender, para lo cual es necesario que, antes, esté él mismo preparado.

Toda esa preparación debe de traducirse en un cierto equilibrio personal, pues de equilibrar a los demás se trata. Equilibrio que se manifiesta en su respiración tranquila, en su control mental, en su centramiento y en su capacidad de concentración y de relajación. Las personas dispersas, incapaces de concentrarse, estresadas, con prisa, sin percepción corporal, con mala respiración, y con una mente agitada, por favor... que se abstengan de intentarlo sin antes haber puesto equilibrio en sí mismos.

Tienen que ser personas capaces de vivir desde su interior, y con un buen centramiento. Porque muchas viven su interior desde la cabeza, y aquí hace falta vivir el interior desde el Hara, que es el centro vital.

En segundo lugar, hace falta una preparación inmediata, realizada a diario, para eliminar tensiones, profundizar la respiración, vaciar la cabeza y hacerse conductor de la energía.

Luego, inmediatamente antes del trabajo con la R.E., la persona que comienza, o tiene pocos años de experiencia, debe de dedicar unos pocos minutos a prepararse.

Sentado en seiza, sobre los talones o el banquito, con la espalda recta y los hombros relajados, buscará el centramiento sobre su Hara, de la forma más rápida e intensa posible, respirando pausadamente.

 

Luego colocará las manos una frente a otra, las palmas enfrentadas, a la altura del pecho, y pondrá toda su atención en la sensación energética que se produce entre las manos, a fin de sensibilizar sus palmas a la energía.

Es lo que se llama "Gyo-ki", la "práctica del ki".

 

A veces la energía se siente con claridad, aunque las manos se quedan quietas.

En otros casos, las manos se mueven a impulsos de la energía, acercándose o alejándose – ¡pero, ojo, sin mover nosotros las manos! –, como en un movimiento de vaivén.

También puede ocurrir que las manos se atraigan, hasta su contacto, permaneciendo juntas en tanto que se siente, con total claridad, su contenido de energía.

Unas manos naturalmente calientes son más conductoras de energía que unas manos frías. Por otra parte, el trabajo del Gyo-Ki, o el de la práctica de la R.E. acentúa aún más, enseguida, el calor propio de las manos.

Recuérdese que un cuerpo con energía es un cuerpo con calor, y que un cuerpo sin energía es un cuerpo frío. Por eso, los estados de desequilibrio agudos – por exceso de energía – producen fiebre, es decir, alta temperatura corporal, en tanto que los cuerpos de las personas ancianas y con problemas crónicos son siempre cuerpos fríos.

Pero volvamos a la práctica preparatoria de cargar las manos de energía, lo cual requiere "sentir las manos", porque allí donde va la atención va la energía.

Para llevar la atención a las manos, algunas personas prefieren imaginar que, durante la inspiración, la energía entra en las manos por las puntas de los dedos, y que, durante la espiración, sale por las palmas en dirección a la otra mano.  

Son formas de concentrarse. Lo importante es sentir las manos llenas de energía.

Si antes del Gyo-Ki las manos están frías conviene calentarlas, por frotamiento o acercándolas a una fuente de calor. Pero, en general, unas manos frías no suelen ser unas manos buenas conductoras de energía.

Fig. 35

Energía entrando, al inspirar     Energía saliendo, al espirar

 

3 – LA PRÁCTICA MÁS SIMPLE: EL YUKI.

La palabra YUKI significa en japonés "comunicación del KI", es decir, el acto de establecer comunicación con la energía de la otra persona.

Se puede hacer de muchas maneras, obviamente. Una de ellas es, sin tocarse, frente a frente y sintiéndose mutuamente. Otra es a través de la mirada, vehículo de Ki. Y otra es a través de cualquier forma de contacto corporal, siendo la más frecuente la del contacto con las manos.

En la práctica, se llama yuki – al menos, dentro de la escuela SEITAI, fundada por el maestro Haruchika Noguchi, inventor del taiheki y propagador del katsugen – a la forma elemental del trabajo corporal, a través de la energía, que consiste en tratar de equilibrar ésta mediante el contacto de las manos de una persona sobre el cuerpo de la otra, preferentemente sobre su columna.

Para la persona que recibe yuki, la experiencia es relajadora y placentera, y para la que lo realiza la experiencia es ocasión de práctica y de sensibilización en las manos.

Esta práctica del yuki puede hacerse en grupos – reunidos a tal fin – o en parejas, de forma alternativa, unos veinte minutos de trabajo cada uno sobre el otro.

Lo que se busca es la percepción clara del Ki de la otra persona en las manos, lo cual constituye la base del aprendizaje de todo trabajo energético serio, bien a través de la Escuela SEITAI, bien a través de la Regulación Energética

Personalmente, así fueron mis comienzos, a través de la enseñanza Seitai en el Dojo de Katsumi. Mamine en Barcelona. Los recuerdo con agrado y cariño.

De esta manera se aprende a "tocar" y a sentir, lo cual es parte de la misma cosa. Según se siente, se toca. Si se siente el cuerpo físico, se toca éste como un masajista. Si se siente la energía, se toca éste de forma totalmente diferente, con sutilidad, eficacia y profundidad.

 

El yuki es un dialogo entre dos 

energías, con la mente vacía. Es el 

dialogo "de interior a interior" de que

habla el zen, "I shin den shin".

 

Lo normal, como he dicho, es que se realice con las dos manos en contacto simultáneo sobre la columna de la otra persona, echada boca abajo. Esta se tumba con los brazos a lo largo del cuerpo, y el que practica se sienta en seiza lo más cerca posible, junto a su lado izquierdo – el cual al ponerse boca arriba resulta ser el derecho –.

Es importante abrir al máximo las rodillas para que nuestro cuerpo quede lo más cerca posible de la persona situada en el suelo. De esa manera nuestras manos podrán tocar su columna sin tener que doblar la nuestra hacia delante, lo cual se traduciría, al poco rato, en cansancio intenso en la zona de los riñones.

 

 

El aprendizaje de la postura 

correcta, al principio, es de la 

mayor importancia para evitar 

molestias, facilitar el centramiento, 

y permitir una buena concentración.

 

 

Fig. 37B

Arriba, dos posiciones incorrectas. La primera por su alejamiento, lo que obliga a curvar la espalda. La segunda, a la derecha, porque hunde los riñones, provocando un bloqueo lumbar que acaba generando dolor e incapacidad para mantener la postura. El apoyo no es en el Hara sino en los riñones.

 

Posición correcta, con las rodillas abiertas y el cuerpo arrimado.

Columna vertical.

 

 

Posición incorrecta, alejado del cuerpo, lo que obliga a curvar la columna y a mantener una posición de cansancio.

 

Fig. 36

 

 

Posición correcta, bien afirmado en el Hara.

Los hombros relajados .

 

 

 

Fig.37ª

Esta posición, a la derecha de la persona, cuando está tumbada boca arriba, y no a su izquierda, será la posición básica. A través de ella podremos trabajar, boca abajo o boca arriba, con las dos manos, en la posición descrita, y trabajar con una sola mano, la derecha, sobre el cuerpo (boca abajo o boca arriba) sentándonos junto a él.

Pero, volviendo al yuki, colocaremos las dos manos – una vez corregida nuestra propia postura – sobre dos puntos de su columna, y llevaremos la atención a la sensación de las manos, sensibilizando al máximo nuestras palmas. ¿Qué sienten nuestras manos?.

La energía está ahí, cambiando, ¿por qué no la sienten nuestras manos?. Al principio de la práctica, el contacto con la energía no es inmediato. Las manos precisan de un tiempo de sensibilización. Luego se va sintiendo cómo son "enganchadas" por el cuerpo, es decir, por la energía, como si estuvieran adheridas al mismo. Es la percepción del Ki.

No importa el tiempo que pase. Hay que permanecer en esa posición sin mover las manos, para dar tiempo a que la energía profundice lo suficiente como para llegar al punto más profundo de desequilibrio. Luego, una vez en ese punto de desequilibrio profundo, hay que esperar a que la energía se normalice. Finalmente, si hemos tenido la suficiente fuerza se moverá sola hacia otro punto diferente.

O sea que los pasos son:

  • Colocar las manos, manteniendo una posición correcta.

  • Esperar con la mente tranquila.

  • Dejar que la energía profundice.

  • Dejar que la mano se mueva a otro sitio cuando el equilibrio se ha conseguido.

 

Fig. 38

Sólo unas manos quietas, en espera, permiten que nuestro Ki profundice lo suficiente como para llegar al encuentro de los desequilibrios profundos del cuerpo.

La profundización requiere "intensidad" y tiempo.

Hay que tener en cuenta que pocas veces los desequilibrios se hallan en la superficie del cuerpo. Lo normal es que estén bien escondidos en su interior, y que haya que ir en su busca a base de "profundizar" el contacto, lo cual significa sensibilidad, concentración y tiempo de espera, hasta que el Ki de nuestras manos contacta con el Ki profundo del desequilibrio.

Además, al principio, y durante muchos años, nuestra capacidad de poner equilibrio será necesariamente pequeña. No pequemos de inmodestos. Por esto es necesario concentrarse y esperar, hasta que las manos "salen" de ese punto por sí solas. Pasarse el tiempo moviendo las manos – salvo que se trate de un maestro – es indicio de una mente inquieta y de unas manos que no sienten el Ki. Las manos se mueven porque buscan en la superficie del cuerpo. En cambio, para buscar en profundidad hay que estarse quietos, esperando en el mismo punto, y con la máxima concentración, hasta que la energía las cambia a otro punto.

Si actuamos así, algún día, en algún momento de la práctica, después de días o de años, sentiremos que nuestras manos, de repente, sin hacer nosotros nada, se mueven solas hacia otro punto diferente. Como si se despegaran del anterior y fuesen atraídas por otro nuevo al que se sienten otra vez pegadas.

Ese es un gran momento. Entonces, por primera vez, sentimos con claridad la fuerza del Ki moviendo nuestras manos. Entonces sentimos lo que es el "no hacer" por nuestra parte y el actuar de la energía, siempre dirigiendo las cosas hacia el equilibrio.

A partir de ahí nos damos cuenta de que nuestro camino para aprender a equilibrar el Ki ha comenzado.

"Mover" nosotros las manos es alterarlo todo, convertirnos nosotros en protagonistas de un proceso – como el médico o el masajista – en el cual no somos más que instrumentos, siendo la energía el único protagonista. Para que la práctica pueda realizarse hace falta pasar muchas horas en comunicación con ese Ki misterioso, intentando percibir sus sensaciones y cuidando de mantener nuestro centramiento en el Hara y la posición correcta. Esto significa: apoyo interior en el vientre y, como consecuencia, espalda erguida sin esfuerzo, hombros relajados, nunca liberada, y brazos sueltos, sin tensiones. También las manos deben de estar exentas de tensiones, pues, de lo contrario, ¿cómo iban ellas a poder identificar la tensión?.

Muchas personas sienten que no progresan en esta primera fase cuando, a veces, esta dificultad proviene de su propio estado. Una mente intranquila, intentando avanzar en poco tiempo, o unos hombros rígidos, que bloquean la energía, impidiendo que la energía baje a las manos, puede ser la causa. En esas condiciones la energía no puede circular por nuestras manos, brazos y cuerpo, por lo que no somos "transmisores" de energía.

Quizás ocurre que tengamos que trabajar mucho más en nuestro propio estado personal antes de querer poner equilibrio en los demás. En cualquier caso este es el primer nivel, el de sentir con claridad que es el Ki el que mueve nuestras manos. El sentir la percepción del Ki, y el aprender a trabajar con centramiento, mente vacía y una postura corporal correcta, sin prisas ni distracciones, con los cinco sentidos puestos en "enganchar" con el Ki, es la base del aprendizaje.

 

4 – LA PRÁCTICA A DISTANCIA.

Al hacer Gyo-Ki ya habíamos visto que se podía percibir el Ki tanto si las dos manos se juntaban por sus palmas como si quedaban a distancia una de otra.

En realidad, estas son las dos formas básicas de trabajar con el Ki: en contacto directo con el cuerpo y a distancia.

Al practicar el Yuki hemos visto ya una de las dos modalidades, la del trabajo en contacto, tocando el cuerpo.

Queda ahora la segunda, el trabajo a distancia.

Para entrenarse en esta modalidad de trabajo hay que practicar el Gyo-Ki con las manos a distancia, sin dejar que se junten. Entonces, o bien producen un movimiento de rotación entre las dos, o bien se acercan y alejan, a impulsos del Ki. Pero hay que procurar que cualquier movimiento que se produzca sea consecuencia del Ki, no de nuestra voluntad de mover las manos.

Estas deben de estar sensibles y relajadas, pero con una cierta tensión. Pues bien, este mismo ejercicio lo podemos practicar sobre cualquier parte del cuerpo de otra persona.

Ejercicio 1

La persona se tumba boca arriba, con los ojos cerrados y el cuerpo relajado. Nosotros, que vamos a practicar, nos sentamos en "seiza", como siempre, a su lado derecho, directamente sobre los talones o en el banquito.

 

Fig. 39

Colocamos nuestra mano sobre su vientre, elevada, a un palmo de altura, y nos concentramos en ella para percibir la sensación del Ki. Como consecuencia, puede que sintamos sensaciones de calor, picor, rechazo o atracción. También puede que la mano quede dando vueltas alrededor del punto, como metida dentro de un torbellino de energía suave.

Si la mano tiende a ser atraída sobre otro punto, abandonamos el anterior y la llevamos sobre el nuevo, a fin de experimentar sobre varios de ellos.

 

De esta manera comenzamos a darnos cuenta de que hay dos tipos de zonas en el cuerpo: Unas que atraen la mano hacia ella, como si la succionaran; y otras que la rechazan, como si hubiera energía saliendo de ellas hacia fuera.

También ocurre que en muchas zonas, al principio, hay rechazo, costando mantener la mano sobre ella, pero que luego ese rechazo se convierte en atracción, hasta el punto de que la mano no puede hacer otra cosa que dejarse caer sobre ese punto y permanecer allí en contacto.

Ejercicio 2

Nos colocaremos en la misma posición respecto a la persona, pero estando ésta boca abajo, nosotros a su lado izquierdo.

Como vamos a trabajar sólo con la mano derecha, nos colocaremos a su lado, no frente a él.

La posición debe de ser tal que podamos alcanzar con nuestra mano derecha cualquier punto de su columna, desde el cuello hasta el sacro.

 

Fig. 40

Colocaremos la mano derecha sobre un punto cualquiera de su columna, para tomar contacto con su Ki, pero a cierta altura.

Una vez conseguido, cuando la sensación sea clara, iremos desplazando la mano, a un palmo de la columna, sin tocarla, desde las primeras dorsales hasta el sacro, para ir descubriendo los puntos en los cuales se produce esa atracción que lleva a la mano a intentar posarse sobre determinadas vértebras.

 

Shinmei Kishi realizando un

tratamiento en el Dojo de

Pamplona. En el momento

recogido por la fotografía trabaja

sobre la columna a distancia.

 

Si conocemos los nombres de las vértebras podremos identificar aquellas que producen atracción, lo que significa que tienen mayor necesidad de equilibrio o, en otras palabras, que en ellas el Ki está más bloqueado, creando mayor desequilibrio.

El objetivo del trabajo a distancia es el de poder identificar, con facilidad, puntos concretos en desequilibrio, lo cual nos será de gran ayuda para poder diagnosticar, más adelante, cada tipo de desequilibrio, bien en el vientre o en la columna.

Ejercicio 3

Es una variante del anterior.

Comenzamos sintiendo el Ki a distancia, sobre una cualquiera de las vértebras de la columna. Cuando el Ki atraiga la mano dejamos que ésta se pose sobre la vértebra, y hacemos sobre ella Yuki con esa sola mano hasta que se equilibre.

Se nota porque la mano, o bien se levanta, o bien se mueve sola hacia otra vértebra diferente. De esta manera podemos ir poniendo equilibrio a todo lo largo de la columna.

Como comprobación final, elevaremos la mano y la desplazaremos a lo largo de la columna, comprobando si aún existen puntos a falta de equilibrar. En último término, si la columna está bien equilibrada, la mano, en su desplazamiento, no debería ser atraída de forma especialmente intensa por ningún punto de ésta.

Nota.

Durante el aprendizaje, y durante los primeros años de práctica intensiva, será bueno que practiquemos las dos formas de trabajo, en contacto y a distancia.

La forma de trabajo "en contacto" es más eficaz y segura, produciendo mejor equilibrio en el cuerpo, entre otras cosas porque se realiza, casi siempre, trabajando con las dos manos a la vez.

La forma de trabajo "a distancia" puede producir efectos secundarios en el que trabaja, si se practica mucho y con poco centramiento propio. Por eso debe de reservarse, como forma de trabajo complementaria, para verificar de forma muy rápida el diagnóstico.

Esto es necesario cuando las manos no tienen suficiente práctica como para ir solas, en todo momento, al punto de mayor desequilibrio, bien sea en el vientre, en la columna, en la cara, o en cualquier otra parte del cuerpo en la que estemos trabajando.

En esos casos es una gran ayuda el levantar la mano para ver cual es el punto que la atrae con mayor fuerza, pues ese es el punto por el que hay que comenzar a trabajar.

Más adelante, cuando tengamos muchos años de experiencia a nuestras espaldas – no menos de diez – nuestra manera de trabajar irá evolucionando por sí sola hasta encontrar su propia "forma" personal. Quizás entonces encontremos que todo el trabajo lo realizamos cómodamente utilizando siempre las dos manos en contacto. Pero es que una cosa es la manera de trabajar cuando se es ya un maestro y otra, muy diferente, es la forma de hacer en los comienzos.

En éstos, que es en los que estamos, conviene experimentar todo, ayudarse de todo, y andar paso a paso.

 

5 – TOCAR LA ENERGÍA.

No por tocar el cuerpo físico simplemente se consigue que haya un efecto. Ni siquiera cuando lo tocamos en esos falsos puntos "milagrosos" descritos en los recetarios de acupuntura o digitopuntura.

Es como cuando intentamos abrir una puerta. Es necesario tener la llave justa y usarla de la forma adecuada.

De la misma manera, se puede presionar, o tocar, en un punto, y no suceder nada. Y se puede hacer lo mismo y encontrarse con una fuerte reacción. ¿De qué depende?. Para entenderlo hay que saber que el cuerpo no reacciona como un robot. La reacción no se produce más que cuando tocamos en el sitio correcto, en el momento preciso y de la forma adecuada. Es entonces cuando "la puerta" se abre.

El cuerpo reacciona según su necesidad en cada instante. El cuerpo tiene muchas necesidades, pero en un instante dado su respuesta depende de que sepamos satisfacer con exactitud la más prioritaria de ellas, no cualquiera de las restantes.

Tocar en el punto adecuado es conectar con la necesidad adecuada, es satisfacer esa necesidad energética concreta en ese momento.

Para que el cuerpo responda hace falta hacerle la pregunta correcta. Sólo así surge la respuesta exacta. ¿Y qué es hacer la pregunta correcta al cuerpo?. Pues conocer su necesidad y satisfacerla, en términos de equilibrio energético, lo que se traduce en el acto de tocarlo en el sitio exacto, de la manera adecuada, y en el instante preciso.

Entonces esa necesidad corporal inmensa, hecha de desequilibrio, se vuelca en una respuesta energética y corporal, que a veces puede ser muy fuerte y explosiva, por extrovertida.

Quiero decir que si damos a alguien un golpe, la persona se replegará dentro de sí con miedo, angustia, incomprensión, dolor. Pero si a una persona que necesita salir "afuera", y no sabe cómo, ni tiene fuerzas para ello, le tocamos con cariño en el sitio donde se produce su bloqueo emocional, entonces esa persona rompe todas las barreras y descarga toda su energía hacia fuera, en la dirección de su necesidad. Esta es su respuesta.

Pues bien, a lo largo de una sesión de R.E. hay muchas "preguntas" y muchas "respuestas" del cuerpo, una detrás de otra, cada una abriendo paso a la siguiente. Así, después de haber satisfecho la primera necesidad, nos encontramos con la siguiente, y luego con la siguiente. Y así hasta el final, cuando la energía está, por fin, centrada. Todo es un proceso exacto, que exige tiempo, sensibilidad y conocimientos.

Por eso no existen los "puntos milagrosos", supuestas panaceas para resolver en un instante cualquier problema. Quien así habla de ellos es porque ignora lo que dice o porque intenta engañar a quienes escuchan.

No existe un punto único responsable de una determinada situación de desequilibrio. Entre otras cosas porque un estado de desequilibrio depende de muchos estados de desequilibrio parciales. Por lo que, resuelto uno de ellos, aparece el siguiente, y luego otro, y otro, y todos ellos conectados a diferentes puntos, los cuales, a medida que se equilibran, van conduciendo, poco a poco, hacia el centramiento del Hara.

Muchos han creído eso, que el desequilibrio era la consecuencia del desequilibrio de un único punto, de modo que, encontrando éste, el problema podía resolverse en cuestión de segundos. ¡Gran error!. La ambición de la cabeza, y la ignorancia, juegan a veces malas pasadas.

Cuando se toca sintiendo el cuerpo, como cuando se manipula una máquina, es preciso conocer una técnica. Pero cuando se toca "a la energía", aunque se haga a través del cuerpo, la técnica está de más. ¡Claro que hay que tocar de una manera específica y diferente en cada caso, pero eso no es cuestión de un conocimiento técnico previo, sino de un sentir la energía! : Por eso la R.E. no es una técnica, sino una sensibilidad, un diálogo con la energía, una comunicación "de interior a interior".

A través del contacto se aprovecha la infinita inteligencia y poder de la energía, con tal de no querer manipularla a nuestra voluntad.

Toda presión que no nos sea solicitada por la necesidad de la otra persona, a través de su energía, debe de ser evitada. Nunca deberíamos actuar desde nuestra iniciativa. Sólo estar atentos para dar lo que se nos pide. A veces es un contacto muy suave; otras, una presión muy intensa. A veces es un punto que debe de ser tocado con la punta de un dedo; otras, una zona que debe de ser presionada con toda la palma de la mano.

En el masaje, la presión es el resultado de la fuerza con la que se trabaja. En la R.E. la presión es el resultado de la "intensidad" del contacto establecido con la energía. Por lo tanto, lo que cuenta es que el contacto sea siempre "intenso", pleno de energía, con independencia de que unas veces esa intensidad se traduzca en presión fuerte y otras en contacto suave.

Ocurre igual que con las miradas, que unas son muertas y apagadas, y otras vivas y llenas de energía. Pues, de igual manera, el contacto con el otro cuerpo, en la R.E. debe de ser siempre un contacto pleno de intensidad, de energía, bien sea suave o intenso.

Tocar la energía es escuchar, escuchar a la energía.

Escuchar su intensidad, su ritmo, su movimiento, la forma en que se va llenando o dispersando, la forma en que se va acentuando su pulsación. Escuchar es, también, sentir la necesidad más importante de ese cuerpo, su angustia interior, esa necesidad que ni a sí misma se confiesa la propia persona.

Recuerdo el caso, hace ya muchos años, cuando yo comenzaba, de una niña de unos diez años, que me trajo su padre porque vivía con miedo y llena de tensión.

Aparentemente no le pasaba nada, y nadie era capaz de descubrir la razón de su bloqueo.

Después de dos o tres sesiones con ella le dije a su padre que mi impresión era la de que esa niña estaba como bajo el impacto de algo muy fuerte que le hubiera traumado. Por poner un ejemplo, le dije: "su cuerpo se siente como el de una chica que hubiera sido violada" (no lo era, evidentemente, pero lo parecía).

Algún tiempo después, ya mejorada la cría, le contó de repente a su padre, un día, que alguien había intentado una vez violarla, pero que nunca se había atrevido a decirlo.

No me sorprendió, porque lo cierto es que su cuerpo expresaba con claridad un trauma similar.

Al trabajar, esto es, al tocar a la otra persona es necesario que se cumplan los siguientes requisitos en nosotros:

  • Centramiento en el Hara.

  • Mente tranquila, en estado de "mushin".

  • Respiración lenta y profunda.

  • Cuerpo relajado.

  • Confianza en lo que uno hace y en sus resultados, porque eso se transmite con claridad a la otra persona. La confianza es la base de la seguridad en el actuar. Sin estar seguro de lo que se hace no se puede actuar.

  • Trabajar sin ideas preconcebidas, aprendiendo en cada instante, sin prisas, pero poniendo en cada momento toda la intensidad de nuestra energía.

En el cuerpo casi todo el trabajo a realizar se ejecuta siempre con la ayuda de las dos manos. Pocas son las ocasiones en las que es válido el uso de una sola mano. Son cosas que se aprenden con la práctica.

Incluso cuando es una la mano que se apoya sobre el punto en desequilibrio, y trabaja sobre él, conviene tener otra como "contrapeso" apoyada en algún otro punto del cuerpo.

Las cosas ocurren como si el equilibrio de ese punto se alcanzase antes si se mantuviera conectado, a través de la otra mano, con el resto del cuerpo, al modo de los vasos comunicantes.

En éstos, cuando están aislados entre sí – llave cerrada –, se mantienen las diferencias. Pero cuando la llave de comunicación se abre, se establece una corriente que va siempre del más al menos, igualando las situaciones entre sí.

 

Fig. 41

Es decir, que hay una relación directa entre la forma en que se consigue el equilibrio de una de las partes y la forma en que se consigue el equilibrio del todo.

De manera similar, si tocamos en dos puntos, uno con exceso, jitsu, y otro con carencia, kyo, se establecerá una corriente de energía que tenderá a corregir el estado de desequilibrio de los dos a la vez, lo cual es mucho más eficaz que si intentamos equilibrar por separado a los dos puntos, tocándolos de forma aislada.

 

Jitsu (exceso)            Kyo (vacío)              Fig. 42

Hagamos una simple prueba, quizás cuando contemos con una cierta práctica.

Toquemos la columna de la otra persona – u otra parte cualquiera de su cuerpo – con una mano y tomemos conciencia de cual es la forma de comunicación que se establece entre nuestro interior y su interior, la forma en que sentimos al otro cuerpo.

Luego, hagamos lo mismo tocando con las dos manos, en dos puntos cualquiera de la columna, y sintamos la nueva percepción.

Veremos que nuestra relación con el otro cuerpo es diferente. Que tocando con las dos manos es mucho más lo que se comunica de nosotros al otro, y mucho más también lo que el otro nos comunica a nosotros. Hay algo de inestabilidad en la comunicación, en general, cuando se toca con una sola mano, como si estuviéramos sentados en una silla con uno sola pata.

Quizás no podamos llegar a entender bien qué es lo que pasa por dentro del cuerpo, en su energía, cuando hacemos el contacto de una manera o de otra, pero sí que podemos percibir que hay una diferencia, y que nos sentimos más "cómodos" realizando el contacto con las dos manos.

Es una sensación de equilibrio y, a la vez, de mayor eficacia, de mayor comunicación.

Algunas palabras más en relación a los desequilibrios por exceso y defecto, Jitsu y kyo, aunque es tema que corresponde a un nivel avanzado.

Para el buen funcionamiento corporal debe darse un determinado nivel de energía en movimiento.

Si a una zona fluye un exceso de energía, se produce un atasco de esta, un bloqueo energético de tipo jitsu que se caracteriza por su estado congestivo.

Pero esta energía que fluye por exceso a una zona inadecuada produce, como consecuencia inmediata, el déficit energético de otras zonas, que se quedan en estado de vacío, o kyo

Conviene aclarar que las dos situaciones, el jitsu y el kyo, corresponden a estados de desequilibrio y que, por tanto, representan una debilidad del cuerpo en ese punto o zona, lo que se traduce en una pérdida de capacidad.

El exceso de energía, produciendo congestión jitsu, no es sinónimo de fuerza sino de debilidad por exceso, de la misma manera que el vacío kyo es sinónimo de debilidad por carencia.

Los estados congestivos jitsu son estados típicamente agudos, de tipo inflamatorio, productores de calor.

Los estados de vacío kyo son, por el contrario, estados típicamente crónicos, productores de frío.

El primer nivel de desequilibrio es siempre jitsu. Más adelante, si no se corrige, este desequilibrio va transformándose en kyo en su interior, aunque conservando la protección jitsu superficial. Más adelante, si el desequilibrio no se corrige, se va perdiendo también el jitsu superficial de modo que queda solo un estado de vacío extremo kyo.

Por lo tanto, en fases avanzadas de la práctica, no bastará con identificar la localización de los desequilibrios en el cuerpo, sino que habrá que determinar su estado: jitsu, jitsu/kyo, o kyo.

 

6 – EL USO DE LAS MANOS.

La utilización de las manos admite diferentes posibilidades, de acuerdo a las necesidades del trabajo.

Cuando se trabaja con la mano a distancia del cuerpo, se utiliza la palma y, en particular, la zona correspondiente a la cabeza de las falanges, por ser la más sensible de la palma. En segundo lugar de sensibilidad se encuentran las yemas de los dedos.

 

Fig. 43

Cuando se trabaja en contacto con el cuerpo, que es la forma de trabajo más frecuente, existen diferentes posibilidades, dependiendo de las características de la zona a tratar y del tipo de presión a realizar. Estas son:

 

- La palma de la mano.

- Las cabezas de las falanges.

- Las yemas de los dedos.

- Las puntas de los dedos.

- El pulgar, de forma aislada.

- El talón de la mano.

- El puño cerrado.

 

 

Las manos y el cuerpo,

dialogando a través de la

energía.

 

Ocasionalmente, en zonas de gran rigidez, donde es necesario aplicar una gran presión, pueden utilizarse los codos y hasta las rodillas.

 

La palma de la mano. Estando boca arriba la utilizaremos, con una sola mano, en la zona central del vientre. Con dos manos, en hombros, en muslos y en rodillas. Estando boca abajo, en zonas de la espalda, en el sacro, y en los muslos y piernas.

 

Las yemas de los dedos. Es la forma de contacto más utilizada, pudiendo realizarse con las de los pulgares, aisladamente, o con las de los otros dedos, de forma conjunta.

Es una forma de contacto especialmente indicada siempre que se tenga que realizar en zonas muy reducidas o puntuales, como son las de la cara, las vértebras de la columna, los brazos, el esternón, las piernas, sobre todo de las rodillas para abajo, los pies y manos, y, en general, cualquier parte del cuerpo.

El trabajo sobre el Canal Central se realiza siempre con las yemas de los dedos, salvo que se aplique presión, en cuyo caso son las puntas de estos las que se utilizan.

Su utilización se circunscribe a la de los tres dedos centrales, siendo muy raro que se utilice el meñique.

 

Las puntas de los dedos. Se utilizan de forma vertical para aplicar presión fuerte en zonas puntuales: zonas del cuello, esternón, cabeza, vértebras, pies, etc. Para ello es necesario mantener siempre muy cortas las uñas de los dedos.

 

 

 

 

Fig. 44

 

 

El talón de la mano. Es un instrumento para aplicar presión fuerte en zonas amplias y de gran fuerza. Por ejemplo, en zonas endurecidas de la espalda, de los hombros, del sacro, o de la zona posterior de las piernas. Esta presión se realiza mediante traslación del peso de nuestro cuerpo, a través de los brazos verticales.

El cuerpo descarga su peso, a través

de los brazos verticales, para ejercer

presión sobre el cuerpo a través de los

talones de las manos.

 

Fig. 45

Cuando la presión que se requiere es

limitada, puede ejercerse sin descargar

el peso del cuerpo sobre las manos. En

ese caso la presión se realiza solo con

los brazos.

Fig. 46
Presión limitada sobre los hombros.

Su efecto es el de liberar las tensiones de

estos y profundizar la respiración.

Este tipo de presión suele aplicarse también

en zonas de la espalda, como en las

correspondientes al Estómago e Hígado.

 

El pulgar. Puede utilizarse como simple contacto a través de su yema, o como forma de presión puntual a través de su punta. A veces se utiliza el pulgar de forma aislada y otras en combinación de los otros dedos.

Su utilización es imprescindible en determinados puntos. Por ej. , en la cara, brazos, parte inferior de las piernas, tobillos, planta de los pies, etc.

 

Presión de los pulgares, con

ayuda de los otros dedos, en

caso de presión lateral.

 

Fig. 47

 

El puño.

En algunas ocasiones será necesario ejercer más presión de la que puede ejercer la palma de la mano. Normalmente será una presión simétrica, y la realizaremos con los dos puños cerrados, descargando verticalmente sobre ellos el peso del cuerpo. La postura en este caso será la de levantado sobre las rodillas. Normalmente, este tipo de presión se utiliza solo en la parte posterior y superior de los muslos.

Fig. 48

 

Otras formas de trabajo con las manos

Se puede trabajar a distancia, y en contacto, con las dos manos juntas, palma contra palma.

En el caso de trabajo a distancia, se utilizan, sobre un determinado punto, como si se trabajara a distancia con una sola mano, dejando que se muevan a impulsos del ki. Pero , en vez de la palma, se utiliza el canto de las manos para contactar con el ki.

Al trabajar en contacto también se utiliza el canto inferior de las dos manos juntas. Esta forma de trabajo es conveniente, a veces, cuando se trabaja sobre el esternón desde detrás de la cabeza.

 

El trabajo sobre las piernas

Se puede trabajar sobre una pierna sola o sobre las dos a la vez.

En ambos casos, una es la mano activa, yang, y la otra la pasiva, o de contrapeso, yin, pudiéndose turnar muchas veces en este cometido.

Sobre las piernas y pies, se puede trabajar tanto estando la persona boca arriba, como estando boca abajo.

Se puede utilizar sobre ellas la palma de la mano, el pulgar o las yemas de los dedos. El trabajo con el pulgar es especialmente interesante en determinados puntos de los pies y tobillos en los que hay que ejercer presión muy localizada.

 

El trabajo sobre los brazos

Puede realizarse, según las necesidades, en cada brazo de forma independiente, o en los dos brazos a la vez.

Cuando hay problemas específicos del brazo, lo normal es realizarlo directamente sobre el brazo afectado, con las rotaciones, giros o estiramientos que sea preciso. Pero muchas veces, sin que ocurra nada en los brazos, hay que trabajar sobre ellos para activar alguno de sus meridianos más característicos, bien sea el del P, MC, TR, etc.

 

Trabajo sobre los brazos.

En este caso, activando el meridiano del

pulmón, P, de forma simétrica en los dos

brazos.

 

Estiramientos y rotaciones

A veces, durante el transcurso del trabajo con diferentes partes del cuerpo –piernas, pies, brazos, manos, cabeza, etc.- el cuerpo transmite a las manos su necesidad de estiramiento o torsión. Estas lo realizan de acuerdo a la necesidad sentida, como medio de equilibrio complementario.

Estos estiramientos, o rotaciones, son diferentes en cada caso, dependiendo del estado de la persona, por lo que no cabe dar indicaciones concretas.

El estiramiento que se muestra a continuación puede realizarse, en ocasiones, cuando la necesidad de la persona es la de respirar en profundidad estirando los brazos.

 

Tratamiento en nuca y cervicales con

rotación hacia un lado de la cabeza.

 

 

Trabajo simultáneo en pierna y pié. Este se

flexiona hacia arriba a la vez que se torsiona la

pierna hacia afuera.

 

 

Trabajo simultáneo en la espalda y en la cadera.

A la vez que se presiona sobre esta, se gira en

sentido contrario al reloj.

 

 

Presión sobre la pierna derecha con rotación. La

mano derecha es la activa, mientras que la

izquierda actúa de e contrapeso sujetando a la

pierna.

 

 

En un momento del trabajo sobre los pies se

produce el estiramiento, como resultado de la

necesidad pedida por el cuerpo.

 

 

El uso de una sola mano.

Cuando se trabaja sintiendo la energía a distancia del cuerpo, siempre se trabaja con una sola mano, la derecha.

La utilidad del trabajo a distancia es grande, sobre todo al comienzo del tratamiento, cuando no se tiene mucha experiencia para determinar con exactitud por donde comenzar ni como determinar la localización de los bloqueos.

Una vez que la mano ha trabajado a distancia sobre un bloqueo, será atraída por éste y daremos comienzo al trabajo en forma de contacto corporal. Pero al comienzo, insisto, el poder sentir la energía a distancia es una gran ayuda para poder ir de una zona a otra. La razón es que la mano siente, a distancia, con gran rapidez, lo que permite localizar los bloqueos con mucha más facilidad que si trabajamos sin separar las manos del cuerpo. Otra cosa será el trabajo que hagamos con el paso de los años, cuando hayamos desarrollado nuestra propia forma de actuar.

Con la práctica, las manos se irán acostumbrando a moverse con soltura de un bloqueo a otro, y la necesidad de este trabajo a distancia se irá reduciendo. Pero, en tanto que esa experiencia llega, el diagnóstico sobre el vientre, sobre todo – que es siempre el punto de referencia de la totalidad del tratamiento – precisará de la ayuda de esta percepción a distancia a fin de no equivocarnos en el diagnóstico.

Y, en cuanto al trabajo en contacto, con una sola mano, en general queda restringida al equilibrio de zonas corporales "asimétricas", desde el punto de vista del diagnóstico, como son las zonas superiores del vientre, o determinados puntos del eje central.

 

 

 

Puntos del eje central del cuerpo,

correspondientes a las zonas de

diagnóstico y tratamiento de los

meridianos del Corazón, Maestro de

Corazón y Vejiga.

 

 

 

Fig. 49

 

Trabajo con una sola mano sobre el punto "C", en la boca del estómago, centro de la ansiedad. Trabajo sobre el área del B-P, encima del ombligo.

 

Puntos asimétricos correspondientes a

las zonas de diagnóstico y tratamiento

del Estómago, el Triple Recalentador,

la Vesícula Biliar y el Hígado.

 

 

Fig. 50

Pero incluso el trabajo en estos puntos asimétricos puede hacerse con las dos manos. Una forma es manteniendo la mano izquierda en la nuca (N) y trabajando con la derecha sobre ellos, forma especialmente indicada cuando trabajamos en el punto C, dentro del trabajo sobre el "Canal Central" (ver más adelante). Esta forma también es válida para trabajar sobre el resto de puntos. Así: N/VB, N/H, N/E, N/TR, N/MC, N/V.

La otra forma es la de trabajar con una mano, la derecha, sobre cualquiera de estos puntos y con la otra, como simple "contrapeso", en otra zona cualquiera del cuerpo, ya sea del vientre, del tórax, o de un brazo. Y si la mano "contrapeso" fuera la derecha y se apoyara en una parte de las piernas, entonces la mano principal sería la izquierda, la cual trabajaría sobre estos puntos del vientre.

 

Trabajo sobre el punto asimétrico

correspondiente al TR.

La mano derecha es la yang, en

este caso, en tanto que la

izquierda, yin, hace solo una

función de contrapeso.

En resumen, las posibilidades son muchas y sólo la práctica irá aconsejando el cómo actuar.

También es importante el poder ver trabajar a otras personas que sepan actuar, para ver como proceden y como utilizan las manos.

A la mano "activa" se la llama también mano principal, o mano Yang, en tanto que a la mano que sirve de "contrapeso" se la llama también mano "pasiva" o mano Yin.

 

El uso de las dos manos.

Esta forma de trabajo es siempre en contacto con el cuerpo.

En este caso, lo normal es que una de ellas sea la "activa", en tanto que la otra tenga una función más "pasiva". La activa, por ejemplo, puede moverse a diferentes puntos, mientras que la pasiva está quieta, como punto de referencia, sobre una zona del cuerpo. O bien, si las dos están en zonas simétricas, la activa es la que más presión ejerce, en tanto que la pasiva apenas lo hace. Pero este papel de las manos viene determinado por la energía en los puntos de contacto de éstas, pudiendo alternarse estos papeles a lo largo del trabajo de equilibrio sobre dos puntos.

Otras veces son las dos manos las que están igualmente activas a la vez, presionando por igual en sus puntos de contacto.

Ej. : Con la persona boca abajo.

Nuestra mano izquierda puede estar

situada sobre el sacro, como mano

pasiva, en tanto que la derecha

puede estar recorriendo y

presionando diferentes puntos de la

parte posterior de una de las

piernas.

 

Otro ej. : Las dos manos sobre el área de los riñones, en el vientre, estando la persona boca arriba. Puede ocurrir que las dos manos tengan el mismo protagonismo, pero lo normal será que una se vea forzada a ejercer mayor presión (la activa), en tanto que la otra permanezca simplemente en contacto superficial (la pasiva). Pero unos minutos después, equilibrado ya el punto correspondiente a la mano activa, puede ser ésta la que se convierta en pasiva y la otra la que comience a presionar con fuerza en el otro riñón. En la fotografía superior, es la mano izquierda, en ese momento, la activa, la que ejerce presión sobre el riñón izquierdo.

 

En la foto de la izquierda, es la mano izquierda, activa o yang, la que ejerce presión.

Un momento después es la mano derecha la que se hace activa, presionando sobre la

pierna derecha.

En Japón se dice que una mano es "Yin", la pasiva, y que la otra es "Yang", la activa, ocurriendo las cosas de forma similar a cuando se anda, en que una pierna, pasiva, es la que suministra el apoyo en tanto que la otra, la activa, es la que se desplaza, alternándose esta función entre ambas piernas continuamente.

¿Cómo saber entonces cómo actuar con cada mano?.

La respuesta es que no hay nada que saber, sino que el propio contacto con la energía va desarrollando las cosas de esta manera. Es la energía la que, en un momento, se dirige con más fuerza al punto situado bajo nuestra mano derecha, obligándola a presionar, para cambiar, un instante después, y dirigirse hacia el punto situado bajo nuestra mano izquierda, de modo que es esta, ahora, la que se ve forzada a ejercer la presión.

Mano inmovil, Yin,

sobre el punto Kyo.

Mano móvil, Yang, sobre diferentes puntos Jitsu de exceso energético.  

Puntos Jitsu superficiales.
Punto kyo, de vacío energético, sumergido en el interior del cuerpo.

Fig. 51

 

En etapas más adelantadas podremos sentir, cuando trabajemos con las dos manos, el movimiento de "contraer" y "dilatar" del Ki en el cuerpo de la persona.

Así, al "contraer", sentiremos como si la distancia entre las dos manos se redujera, tendiendo los dos puntos sobre los que se contacta a juntarse. En forma inversa, al "dilatar" sentiremos como si los dos puntos tendieran a separarse y la energía tendiera a distanciarlos entre sí.

Este "contraer" y "dilatar" del Ki corporal puede sentirse también cuando se contacta con una sola mano, aunque la percepción es algo más sutil y difícil.

Sólo cuando el contacto sobre el cuerpo se realiza de la forma adecuada puede percibirse este movimiento del Ki... Si las manos tocan de forma tensa, con demasiada presión, o sin la debida intensidad, este tipo de percepción nos resultará imposible.

 

 

 

 

 

Fig. 52

Las manos no deben de quedar "flotando" sobre el cuerpo, de forma indecisa. El contacto debe de ser firme y claro, pero, a la vez, en ese contacto no debe de haber tensión en las manos, pues entonces estas carecerían de la adecuada capacidad de percepción.