LA REGULACIÓN ENERGÉTICA

VII – EL TRABAJO DE EQUILIBRIO

 

1 – EL PRIMER CONTACTO.

La primera sesión con una persona no es similar a las posteriores. Es la toma de contacto para ambos y crea unas sensaciones que pueden condicionar los encuentros sucesivos.

A esta primera sesión hay que darle más tiempo, por varias razones:

  • Porque el tratamiento puede ser más largo que los siguientes.

  • Porque antes del tratamiento hay que mantener una entrevista.

  • Porque después del tratamiento hay que comunicarle muchas observaciones sobre el origen de los problemas, su posible evolución, la forma en que la persona va a poder colaborar y los fundamentos de la R.E.

En la entrevista lo primero es la toma de datos personales para la ficha. Después se la invita a exponer su problema de forma resumida. Es evidente que el tratamiento podría realizarse de igual manera sin necesidad de cruzar una sola palabra con la persona, pero este rato de charla inicial es muy importante por varios motivos.

  • Da a la persona ocasión para hablar de sí misma y relajarse. La mayoría de las personas están deseando encontrar a alguien que las escuche, sobre todo si vienen de la Seguridad Social. Eso hace que se sientan atendidas y cómodas.

  • En segundo lugar proporciona datos muy importantes sobre su desequilibrio, lo que nos ayudará a comprender el proceso del tratamiento a lo largo del tiempo.

  • En tercer lugar, da ocasión a que la persona se exprese, a través de lo cual obtenemos datos inapreciables sobre su forma de ser, de pensar, de sentir, y sobre su taiheki.

  • En cuarto lugar, nos permite apuntar los síntomas sentidos por la persona y comprobar el origen de prioridades que les concede a cada uno de ellos. Cuando, más adelante, la persona vaya mejorando será muy útil saber cuales eran los síntomas que la indujeron a venir a la terapia, porque es muy posible que ni siquiera los recuerde.

Al final de la entrevista convendrá explicar unas breves nociones sobre la R.E., su forma de actuar, las reacciones que produce y sobre la participación de la persona, que se espera que sea activa.

Luego, una vez tumbada en el suelo, sobre la colchoneta, hay que pedirla que cierre los ojos y se relaje.

Si tiene dificultad para ello convendrá que hagamos un repaso verbal de las diferentes partes de su cuerpo para que vaya tomando conciencia de ellas y las vaya relajando. Hay que tener en cuenta que la mayoría de las personas tienen una capacidad mínima de percepción de su propio cuerpo, circunstancia que se ve agravada si, además, como suele ser normal, la persona presenta un alto contenido de ansiedad. Finalmente le pedimos que, sin dejar de sentirse, se concentre en la respiración abdominal, o al menos en una respiración tranquila y pausada.

 
Este es ahora el momento de

observar a la persona, cosa que

haremos siempre en todos los

tratamientos en cuanto se eche en

el suelo.

 

Observaremos su postura, rígida o relajada, abierta o rectilínea; la expresión de su cara, la relajación o contracción de su boca y mandíbulas, el parpadeo de sus ojos, la tensión de sus brazos y piernas, y, sobre todo, su respiración: la forma en que se produce, su ritmo, su profundidad, y el lugar del cuerpo donde se sitúa, bien sea en el vientre – cosa rara –, en la boca del estómago, o en el pecho.

Al terminar la sesión de tratamiento, podremos hacer un breve comentario sobre su estado de salud, sus principales problemas, las causas que los han producido, las previsiones de recuperación, y la forma en que podría colaborar a ello, lo cual se irá ampliando y detallando en las sucesivas sesiones.

Hay que advertir también sobre la posibilidad de que este primer tratamiento produzca algún tipo de reacción corporal, a fin de que sepa interpretarla: cansancio, fiebre, dolor, somnolencia, etc.

En realidad, son muchos los prejuicios de las personas que se acercan a la R.E., como resultado de su deseducación a través de la medicina. Algunos de ellos son los siguientes:

  • Creer que la salud es algo que puede ser recuperado rápidamente y sin esfuerzo.

  • Creer que los efectos lo son siempre en términos de bienestar y que deben de producirse desde el primer instante.

  • Identificar la salud con bienestar y ausencia de molestias o dolores, y aumento de molestias con empeoramiento.

  • Creer que las pautas de vida que ellos estiman como "normales" son las buenas y correctas.

  • Creer que un trabajo de recuperación de meses es excesivo y que no vale la pena de ser emprendido. Creer que un trabajo que requiere meses de esfuerzo es ineficaz.

  • Creer que la salud se puede dar por recuperada en cuanto hayan desaparecido los síntomas molestos o los dolores.

  • Creer que el mantenimiento de la salud no tiene por qué requerir esfuerzo ni colaboración por parte de la persona. Creer que el interés por la salud sólo hay que demostrarlo cuando ésta se pierde.

  • Creer que las propias ideas sobre la evolución del proceso son siempre más dignas de crédito que las que provienen del terapeuta.

En general el primer tratamiento suele ser diferente a los demás, por la razón de ser la primera vez que ese cuerpo va a ser tocado de forma equilibradora.

Fijémonos en ese hecho: En la inmensa mayoría de los casos nunca ese cuerpo había sido tocado antes de manera parecida; nunca antes su energía había tenido la oportunidad de expresarse a través de la búsqueda del equilibrio. Ese hecho, en la vida de ese cuerpo, es absolutamente único. Y eso es así incluso si la persona, por insensibilidad corporal, es incapaz de sentir nada especial.

De hecho, la mayoría de las personas sufren tal desconexión entre su cuerpo y su energía que no perciben los cambios más importantes de ésta, salvo cuando se traducen en cambios y percepciones corporales intensas y dolorosas.

Debido a estas circunstancias, el primer tratamiento tiene un efecto de carácter general sobre el conjunto de la energía de la persona, produciendo un efecto de ajuste entre todas las partes y haciendo que ese organismo comience a andar – quizás por primera vez – de forma ajustada, como una buena máquina. Significa algo así como el despertar de su energía.

Por eso, muchas veces, en este primer tratamiento la energía no acude a los puntos de los que se queja la persona, o sólo al final, porque lo inmediato e importante es que el cuerpo eche a andar y que se convierta en un cuerpo vivo capaz de detectar sus problemas y de movilizar su energía.

Muchas veces este primer efecto general, sobre la totalidad, es tan acusado que la persona experimenta enseguida reacciones intensas, en general de bienestar y de relajamiento. Otras veces las sensaciones son opuestas, como de cansancio y magullamiento general, aunque apenas se la haya tocado.

Luego, a partir de este primer tratamiento, es cuando la energía podrá irse acercando a los problemas e irlos tratando uno a uno, en la medida en que vayan "apareciendo", esto es, en la medida en que la energía los vaya identificando.

Lo que no podrá nunca hacer serán estas dos cosas:

  • Tratar a todos los problemas a la vez, en la misma sesión, a pesar de que sean varios los que aparezcan en el transcurso de ella.

  • Lograr el equilibrio total de un problema trabajando de forma ininterrumpida sobre el mismo. La razón está en que esta dedicación exclusiva a un solo problema, durante un tiempo, impediría la recuperación del cuerpo, el cual siempre debe ir corrigiéndose en su totalidad, a la vez que se van corrigiendo los problemas parciales.

Además, ¿de donde sacaría el cuerpo la energía para proceder con un problema hasta conseguir su equilibrio final?.

 

2 – LAS PRINCIPALES ÁREAS CORPORALES.

Desde el punto de vista del tratamiento y del equilibrio energético hay cuatro zonas principales, que son:

  • El vientre.

  • La cabeza.

  • La columna.

  • El Canal Central de energía.

El vientre.

Es la parte del cuerpo que los japoneses llaman "Hara". Ella sola constituye el resumen de todo el cuerpo, pues cada uno de los doce meridianos de energía tiene en él un área específica de diagnóstico y de tratamiento.

Es la sede de la gran mayoría de los órganos del cuerpo, con excepción del cerebro, de los pulmones y del corazón. En él se localizan todos los trastornos digestivos y de eliminación, entre otros.

Constituye sin duda el mejor mapa de diagnóstico del cuerpo, y el más fiable. Recuérdese que otras personas diagnostican por los pulsos, por la planta del pie, por el iris, o por el pabellón auditivo. Pero ninguna de esas zonas tiene la fiabilidad total que tiene el vientre, a condición de poder sentir la energía.

El vientre es, además, el punto de referencia para determinar el nivel de centramiento de la persona y, por lo tanto, su conexión con la energía interior de su alma.

Por otra parte, el vientre es, además, el origen de la mayor parte de los problemas surgidos en las piernas, ya que la energía de éstas depende del estado de la energía del vientre. Recordemos que la energía, cuando está centrada en el vientre, se dirige espontáneamente hacia las por las piernas y hacia la tierra.

Esta relación vientre/pies/tierra es extremadamente importante y conviene no olvidarla.

Debido a ella el centramiento produce una conexión estrecha con la tierra, llenando de energía los pies y dotando a la persona de estabilidad física , emocional y mental.

La cabeza.

Esta área corporal incluye a la cabeza, propiamente dicha, a la nuca, al cuello y a las cervicales. En especial, el conjunto formado por la nuca y las cervicales constituye, normalmente, una zona de acumulación de mucha tensión.

 

La columna.

Cada vértebra de la columna tiene un significado propio, relacionado energéticamente con alguno de los órganos, o funciones, fundamentales del cuerpo. De esta manera se establece una dependencia mutua: el estado de las vértebras – desde el punto de vista energético – influye en la energía de los órganos y meridianos con ellos conectados y, a su vez, el estado energético de éstos condiciona el estado de las vértebras. De hecho, los dolores y molestias en las vértebras no significan, generalmente, un problema vertebral, sino un desequilibrio energético conectado con el órgano y meridiano con el que se relaciona. Corregido el desequilibrio, la vértebra deja de doler.

De forma similar a como ocurre en el caso del vientre, la columna refleja la totalidad del cuerpo, de modo que el trabajo sobre ella es, de modo indirecto, el trabajo sobre el total de la persona.

Aún con todo, salvo los casos en los que es la parte posterior del cuerpo la dañada – caso, por ejemplo, de tensiones somatizadas en la espalda productoras de contracturas y rigideces o de lesiones vertebrales, como son las hernias discales –, la importancia de esta zona posterior no es nunca tan importante y decisiva como lo es la parte anterior.

En muchos casos, de hecho, el trabajo sobre la zona posterior no es imprescindible, en tanto que el trabajo sobre la parte anterior lo es siempre.

Como nota a tener en cuenta en la práctica es la de que el contacto de los dedos sobre las vértebras se realiza siempre en los espacios intervertebrales, no sobre las crestas. La acción sobre una vértebra en concreto se realizará sobre el espacio situado por debajo de su cresta correspondiente. Esto es válido cuando se trabaja con las puntas de los dedos, porque cuando se apoya toda la palma de la mano la presión se ejerce, lógicamente, sobre las crestas salientes, abarcando un área mucho mayor.

El Canal Central de energía.

Denominamos "Canal Central" de energía al circuito energético formado por el eje central del cuerpo en su parte anterior y posterior, integrado por los meridianos de energía conocidos, según la acupuntura, como Jen-Mo y como Tou-Mo. El Jen-Mo recorre la parte delantera del cuerpo, por su eje central, desde el periné hasta la boca. El Tou-Mo cierra el circuito recorriendo el cuerpo por su eje posterior, a lo largo de la columna, y enlazado con el comienzo y final del Jen-Mo.

De todos los meridianos de energía que recorren el cuerpo, este es, sin duda, el que posee la mayor importancia.

Este Canal Central constituye algo así como la estructura energética básica de la persona, que afectan a funciones y órganos determinados, y que sólo indirectamente afectan a la totalidad.

Digamos que el estado energético de este Canal Central equivale a lo que es el tronco del árbol. Cuando está débil, todas las ramas que de él parten también lo están.

Otra consideración es la de que toda recuperación energética pasa, primero, por la restauración de la estructura energética, pues sólo a partir de ahí se dispondrá de base suficiente para corregir los problemas orgánicos más superficiales.

El Canal Central de energía está directamente relacionado con el Centro energético del Hara, formando entre ambos todo el entramado estructural de la energía del cuerpo.

El Canal central constituye

la espina dorsal de toda la

estructura energética de la

persona. Constituye, junto

con el Hara, el eje y centro

energético del hombre.

 

Fig. 53

El Canal Central se equilibra, en su parte posterior, trabajando sobre la columna. Por eso este trabajo, además de tener relación con el estado de las vértebras y de los meridianos asociados, tiene también el valor de actuar sobre el conjunto de la estructura energética de la persona. Sin embargo, la importancia mayor del Canal Central se revela en la parte delantera del cuerpo, sobre su eje anterior.

A lo largo de esta parte delantera se podrán diferenciar puntos esenciales y puntos secundarios.

 

Fig. 54

 

 

 

 

 

 

 

Fig. 55

Los puntos esenciales están situados, de abajo a arriba: sobre el pubis (1), la boca del estómago (3), centro del esternón (42), base de la garganta (53), frente (6), alto de la cabeza (7), nuca (N).

Los puntos más secundarios se hallan: debajo del ombligo (2), tercio inferior del esternón (43), tercio superior del esternón (41), punto medio de la garganta (52), y punto alto de la garganta (51).

Estas son las cuatro zonas básicas del cuerpo a las que hay que prestar más atención a la hora de practicar la R.E. Son también las más responsables del equilibrio energético global del cuerpo.

En general, el trabajo sobre el Canal Central exige que la mano de "contrapeso", se sitúa siempre bajo la nuca, siendo la otra mano, que puede ser la derecha, la que trabaje sobre los puntos 51, 52, 53, 42, 3, ó 1.

En cambio, para trabajar sobre los puntos de la cabeza se invierten las manos. En este caso será la derecha la que se sitúe, como contrapeso, bajo la nuca, y será la izquierda la que trabajará sobre los puntos 6, 7 y 8 de la cabeza, como mano activa.

Sin embargo, una vez situadas las manos – una bajo la nuca y otra en un punto cualquiera del Canal Central – pueden alternarse continuamente en su función como manos activa y pasiva. En un momento será una la que presione, y la otra la mano pasiva de contrapeso, y, al momento siguiente invertirse esta función sin cambiar las manos por ello de sitio.

También a veces, al final del trabajo sobre el Canal Central, a medida que la energía va bajando al vientre desde la cabeza, pueden las dos manos trabajar sobre puntos del pecho y vientre, abandonando la nuca.

El resto de zonas corporales.

Poseen una importancia relativa en relación a las anteriores. Su importancia se deriva, sobre todo, de la existencia de desequilibrios locales, que a veces pueden ser prioritarios en determinados casos.

Por ejemplo, un estado reumático avanzado afecta a la totalidad de las articulaciones del cuerpo en primer término, y hay que trabajar mucho con las inflamaciones producidas en ellas para que, poco a poco, comiencen a aparecer los desequilibrios energéticos estructurales que están en la base de esos problemas locales.

En la espalda, aparte de la columna, se suelen localizar una gran diversidad de problemas, en forma de exceso energético de unas zonas y de carencia en otras. El exceso energético produce problemas típicos, como durezas, rigidez, contracturas, y sobrecargas corporales, y se acumula preferentemente en la zona alta de la espalda, en hombros y trapecios, en conexión con las tensiones de nuca y cervicales.

El vacío energético produce también sus problemas típicos, fruto de la debilidad, como lumbalgias y dolor de riñones. En estos casos, con independencia de que la persona pueda presentar alguna tendencia congénita a ese tipo de problemas, lo cierto es que la acumulación de energía en la parte alta de la espalda trae como consecuencia el incremento del vacío en la parte baja, con lo cual el problema se agrava.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fig. 56

En la gran mayoría de los casos, siempre hay que comenzar a trabajar por las zonas con exceso energético –hombros, trapecios y nuca- a fin de dispersar de ellas la energía en exceso que se va a necesitar para llenar, luego, las zonas en vacío.

Una buena regla de actuación es la de comenzar los tratamientos por la espalda y, en especial, por los trapecios, área corporal que todo el mundo suele tener sobrecargada y que se comunica con otras áreas sobrecargadas colindantes, como son los hombros y la nuca.

Otras zonas corporales son, evidentemente, las extremidades, formadas por los brazos y por las piernas.

Sus problemas pueden tener un origen exclusivamente local, como cuando se produce una torcedura en un tobillo o muñeca, o estar relacionados con la totalidad del cuerpo, siendo sólo consecuencia suya.

En este caso, que es el más general, los problemas – con independencia de que afecten más a un meridiano que a otro – tienen su origen en el estado general y se traducen en problemas por exceso de energía (como es el caso de las durezas y tensiones corporales de estas zonas), o en problemas por carencia energética, lo que se traduce en problemas caracterizados por la debilidad.

En concreto, el estado de las piernas depende en gran medida del estado de los meridianos de energía que las recorren, que pueden estar relacionados, por ejemplo, con el intestino grueso, el riñón o la vejiga.

En estos casos, aparte del trabajo local debe de realizarse siempre un trabajo general dirigido al equilibrio de los meridianos, órganos y funciones afectados.

En ocasiones, este trabajo general de equilibrio es previo a la fase del trabajo en el que la energía comienza a dirigirse a las extremidades para realizar la corrección del estado de éstas. En otras ocasiones, cuando el problema local ha aumentado y se ha convertido, por sí solo, en un problema de primera magnitud, la energía se dirige directamente a solucionar los problemas de las extremidades.

En cualquier caso, la relación de la parte con el todo es algo siempre presente que no puede olvidarse, pero es siempre la energía la que decide en cada momento cual es la prioridad: a veces la totalidad, otras lo local.

 

3 – EL DESEQUILIBRIO FUNDAMENTAL.

La persona que acude a las sesiones de R.E. presenta un conjunto de desequilibrios y problemas que se manifiestan en una gran diversidad de síntomas y molestias.

De todos los problemas que tiene se puede decir que es consciente sólo de algunos de ellos, pero que desconoce la existencia de otros, sobre todo si éstos presentan síntomas que a la persona le parecen de carácter secundario, o si la persona no ha llegado a caer en la cuenta de tales síntomas, lo cual es también frecuente.

Pero con independencia de cuales sean estos problemas concretos, en todas las personas se da un desequilibrio básico fundamental, el cual es la consecuencia del desplazamiento de su energía hacia la parte alta del cuerpo y la cabeza, en detrimento del centro del vientre, el cual se vacía de energía.

Tanto es así que podría decirse que, salvo determinados problemas de tipo energético – que más que enfermedades son condicionamientos – todos los problemas restantes son derivaciones, en el tiempo, directas o indirectas, de este desequilibrio básico inicial: vientre vacío y cabeza sobrecargada.

El Hara es el equivalente a las raíces del árbol. Por eso también lo equiparamos a los cimientos de un edificio o a la quilla sumergida de un velero, responsable de su estabilidad.

Mientras que un vientre lleno de energía asegura la estabilidad de la persona y su fuerte conexión con la tierra, un vientre vacío es indicio seguro de lo contrario: una cabeza sobrecargada, una clara inestabilidad física e interior, y un débil contacto con la tierra.

 

 

 

 

 

 

Fig. 57

Este desequilibrio básico del descentramiento – que tiene como consecuencia el privar a la persona de su centro, desconectándola de su interior de su energía y debilitando su estructura energética – se traduce en una multiplicidad de síntomas: Hombros rígidos y tensos, nuca endurecida, pecho rígido, boca del estómago bloqueada, dificultad respiratoria, palpitaciones, problemas digestivos, cefaleas, insomnios, pies fríos, depresión, ansiedad, dificultad para relajarse y concentrarse, sensación de vacío interior y de infelicidad, miedos y obsesiones, cabeza cargada y llena de continuos pensamientos, insensibilidad para percibir el propio cuerpo, y toda una serie de trastornos fisiológicos dependiendo de sus puntos genéticamente débiles y del tipo de vida que haya llevado.

Es evidente que una gran parte de sus síntomas se eliminan por el simple hecho de hacer bajar su energía al vientre, descongestionando la cabeza y la parte superior del cuerpo.

Pero es que además, al hacerlo, se produce una mayor integración de la persona consigo misma, en la misma medida en que se trabaja con su estructura energética – Canal Central – y con su centramiento, y se aumenta el nivel de su vitalidad.

El trabajo fundamental consiste, por tanto, en bajar gran parte de su energía alta hasta el vientre y los pies, produciendo equilibrio energético en su totalidad.

Lo cierto es que el mucho pensar hace que la energía suba a la cabeza lo que se traduce en desequilibrio energético, el cual, a su vez, induce un mayor desequilibrio mental. Como inciso a este respecto hay que decir que esta situación actual del ser humano es totalmente nueva en su historia. En efecto, esta capacidad del hombre para pensar nunca se había dado se había dado hasta hace muy poco tiempo. La consecuencia, nueva, es que el hombre actual, desde hace muy pocos siglos, se pasa el tiempo pensando a la vez que vive, ensimismado en sus pensamientos, lo cual altera completamente su estado energético y su relación con la tierra.

En el polo opuesto se sitúa el hombre primitivo, muy poco pensante con relación al de ahora. Una consecuencia inmediata era la de que el hombre primitivo vivía con la energía mucho más centrada –localizada en su vientre- lo cual le capacitaba en mucho mayor grado para vivir alerta, pendiente de los sucesos externos de su entorno, y para, a la vez, vivir pegado a la tierra, con los pies en íntima conexión con ella.

Ahora, al contrario, el ser humano vive en la nube continua de sus incesantes pensamientos, lo que se traduce en un vivir mucho más aislado del exterior circundante, por un lado, y en un vivir más inestable -físico y psicológico-, como consecuencia de su mucho menor conexión con la tierra que pisa. De hecho, casi no pisa la tierra, al ir calzado y utilizar continuamente transportes motorizados.

El pensar ha sido una conquista de la evolución del hombre, cierto, pero también puede constituir un peligro, como ocurre con todas las cosas utilizadas en exceso. De hecho, uno de los problemas de la mayoría de las personas consideradas sanas es su incapacidad para dejar de pensar. Los pensamientos mantienen su mente en continua actividad y esto se traduce en falta de concentración, incapacidad de relajación, problemas de sueño y menor disfrute de la vida. En realidad, el verdadero problema de este pensar incesante no es otro que el desequilibrio energético continuado que produce en el ser humano, como consecuencia del exceso de energía acumulado en la cabeza.

A este desequilibrio energético básico, raíz de la ansiedad y de multitud de trastornos derivados, le denominamos desequilibrio fundamental.

Ver a este respecto los capítulos III.3, III,4 y III,5, destinados a explicar las características de los dos tipos de hombres, el centrado y el descentrado.

Pues bien, en esta situación lo que no tiene sentido es pasarse horas hablando con la persona, por varias razones: Una, porque su capacidad de comprensión, dado su estado, es mínima, y lo que comprende se ve incapaz de llevarlo a la práctica. Y dos, porque cuanto más se habla y se hace trabajar a su cabeza, más sube a ella la energía aumentando el desequilibrio. La solución, por tanto, no es el hablar, sino el producir silencio en ella ayudando a que su energía baje.

Cuando después de unas cuantas sesiones el estado ha mejorado, y la persona comienza a encontrarse mejor, es cuando se puede pasar a explicarle algunos tipos de trabajos, o prácticas, que ella misma puede comenzar a realizar a diario para acelerar su recuperación y aprender, de paso, a cuidar de sí misma.

Pero lo primero es la ayuda, la cual implica un cambio de su estado energético interior. Luego, con la mejoría, viene la explicación, para que vaya comprendiendo y, a continuación, el comienzo de su participación activa en el cuidado de su salud, en la medida en que pueda ir siendo capaz de hacerlo.

Un ejemplo: Cuando la persona viene y se tumba en la colchoneta, la miro y veo que, de forma casi indefectible, su energía está mayoritariamente concentrada en la cabeza, garganta y hombros. Pero si, antes de comenzar, le digo: "trata de sentir tus pies", entonces veo cómo, de inmediato, su energía baja a los pies en gran medida y el estado de su cuerpo parece mucho más equilibrado.

Y este aflujo de energía a los pies lo consigue todo el mundo cada vez que los sienten o intentan sentirlos, incluso aquellos que apenas sienten su cuerpo o que nunca han hecho prácticas de relajación. Es una realidad, algo que ocurre de hecho aunque ni ellos mismos lo sienten. Sin embargo, yo lo veo y sé que es así.

De ahí la importancia que, para el equilibrio energético, tiene la percepción corporal y, en especial, la percepción de los pies. Tenemos que saber que la energía va allí donde se da la consciencia corporal, de modo que una zona corporal olvidada en nuestra percepción es, con toda seguridad, a la larga, una zona con déficit energético y con problemas seguros. Quizás también, el dolor tenga la misión de hacernos sentir con intensidad la zona dañada para atraer allí nuestra atención y, así, facilitar que pueda fluir energía a ella con más intensidad.

 

4 – LOS DIFERENTES NIVELES DE DESEQUILIBRIO.

Existen tres diferentes niveles de desequilibrio en la persona, los cuales se corresponden con las tres necesidades de equilibrio más importantes que precisa.

El primero de ellos es el que se refiere al equilibrio del Canal Central de energía, nivel de equilibrio imprescindible para que la persona pueda llegar a obtener un buen centramiento.

Está motivado por el desequilibrio estructural de su energía, el cual constituye el desequilibrio más profundo que pueda tenerse. Es evidente que todo depende del grado de desequilibrio alcanzado, pues la gran mayoría de las personas lo presentan, en mayor o menor grado. Pero, cuando se presenta a un nivel importante y profundo, significa que existe una desarmonización clara entre lo somático, lo psíquico y lo mental, dándose importantes niveles de desequilibrio en estos tres planos.

En estos casos la respiración se realiza con la parte alta del pecho, y se realiza de forma superficial – apenas perceptible – y rápida. La recuperación de la respiración en estos casos es ya difícil, salvo que pueda hacerse un trabajo muy prolongado. En este sentido puede afirmarse que los problemas estructurales de energía van siempre asociados a formas de respiración defectuosas, muy difíciles de evolucionar.

Si este desequilibrio del Canal Central es importante, la acción reguladora a ese nivel profundo es siempre prioritaria sobre cualquier otra, incluso en los casos en los que las dichas personas presentan diagnósticos serios, como cáncer. De paso hay que decir que uno de los peores efectos de la radioterapia o quimioterapia, en el tratamiento del cáncer, es el de, precisamente, destruir y aniquilar esta estructura energética de la persona, dejándola absolutamente debilitada.

¿Cuál es la causa de que se produzcan estos desequilibrios estructurales que se manifiestan en el descentramiento y en el desequilibrio del Canal Central?.

La respuesta la hemos dado anteriormente al hablar del desequilibrio fundamental, el que se producía por el desplazamiento de la energía desde el vientre hacia la parte alta del cuerpo y cabeza.

Es evidente que no todas las personas presentan esta tendencia de la misma forma acusada. En efecto, los que poseen, por naturaleza, una energía fuerte y poseen un buen taiheki, extrovertido, se defienden mucho mejor ante las adversidades que los introvertidos con energía débil. Por eso, el estrago no es el mismo en unos que en otros. Pero, cuando se produce, las alteraciones son siempre similares: La energía sube, la cabeza entra en hiperfuncionamiento, la emotividad se altera, el ritmo se pierde, el vientre se vacía, la persona se debilita, y esta debilidad por falta de centramiento se traduce en inestabilidad psíquica y mental acusada y en falta de recursos para volver a recuperar el control de la situación.

Por el contrario, cuando la persona tiene un Hara fuerte, lleno de energía, el ocasional desplazamiento de la energía hacia arriba no plantea problemas, porque no vacía al Hara de su energía. De esa manera, una vez pasada la situación, el propio anclaje del vientre le devuelve el equilibrio.

 

 

 

 

Fig. 58

En un barco sin quilla, la situación de equilibrio no se restaura aunque cesen las condiciones externas. El vuelco se mantiene.

 

 

 

 

 

Fig. 59

En el caso del barco con quilla, el escoramiento es circunstancial y menor, pudiéndose recuperar la posición de equilibrio una vez superadas las situaciones externas. Se inclina pero no se hunde. Se inclina pero recupera.

El problema se presenta cuando se trata de una persona que nunca ha sabido lo que es el centramiento, que siempre ha vivido con la energía fuera de sitio, y que, como consecuencia, ha ido produciendo problemas de salud cada vez más graves.

Pero este problema de debilidad estructural no sólo es la consecuencia de una forma de vida desequilibrada. También se da en muchas personas por causas genéticas. Así ocurre que muchos niños, por causa de esta debilidad de su Canal Central, presentan multitud de problemas que se les repiten, una y otra vez, de forma recurrente, sin que su organismo tenga la fuerza suficiente para superarlos.

En estos casos, además de trabajar con ellos en sus problemas concretos – como puede ser, por ejemplo, el asma infantil, o los problemas de garganta, etc. – hay que dedicar mucho esfuerzo al equilibrio de su Canal Central de energía a fin de que puedan mejorar su centramiento.

¿Cómo corregir las consecuencias de ello sin corregir antes su desequilibrio energético de base?. Más aún, ¿cómo hacerlo cuando el tiempo apremia, pues se trata de enfermedades importantes, y cuando la persona, lejos de colaborar, se entrega a todo tipo de miedos, ansiedades y descontroles?. En esos casos sólo cabe hacer lo que se puede, y lo que la propia persona permite. Pero, se llegue a donde se llegue, el trabajo redundará sin duda en gran beneficio para la persona. Quizás no pueda llegar a salvar su vida, pero permitirá que, por primera vez en ella, esa persona pueda establecer contacto con su alma, lo que le llevará a comprender su situación, aceptarla y tener un final tranquilo y sereno.

El segundo nivel de desequilibrio es el que se refiere a los causados por el estado de tensión de la persona.

Es un desequilibrio que puede ser añadido al mencionado anteriormente, de tipo estructural, y que consiste en ese conjunto de ansiedad y bloqueos corporales que afectan al estado emocional, al equilibrio respiratorio, al tono muscular y al buen funcionamiento orgánico. Constituye la antesala del desequilibrio del Canal Central y se realiza asimismo en tres niveles.

En el nivel 1, o grado de tensión, se da una pérdida de elasticidad interior en la vitalidad de la persona, cuyo "muelle" comienza ya a dar signos de cansancio y de falta de respuesta.

La edad – con el debilitamiento de la energía –, el cansancio físico, la ansiedad diaria, etc. son causas – si no se combaten día a día – que van ocasionando pérdida de elasticidad vital.

En el nivel 2 se dan estas causas pero más acentuadas, producidas por un tipo de vida especialmente estresante y competitivo, sin respiro, sin conciencia corporal, siempre actuando hacia fuera, pero desde el pensamiento incesante. Es esa la tremenda presión interior que la persona intenta descargar yéndose de vacaciones, o yendo al psiquiatra, pero sin reducir su ritmo de vida ni cambiar sus hábitos de trabajo.

En el nivel 3 se sitúan las tensiones excepcionales a las que se ve sometida en forma ocasional, como puede ser la perdida del trabajo, la quiebra económica, la pérdida de seres queridos, la pérdida del amor, los accidentes, los fracasos, las desilusiones profundas, etc.. Este tipo de sucesos provoca un fuerte impacto en la persona y producen un tipo de desequilibrio profundo e instantáneo, del que no es fácil salir y, menos aún, sin secuelas permanentes notables.

Pues bien, al trabajar en la R.E. con una persona, siempre hay que ocuparse de la corrección de estos estados de tensión, porque son los responsables de desequilibrios energéticos y porque actúan tanto en el plano profundo – produciendo desajustes estructurales – como en el plano somático y psíquico más superficial, produciendo esas consecuencias que luego se llaman enfermedades.

En forma gráfica:

 

 

 

 

 

 

 

Fig. 60

El tercer nivel de desequilibrio energético es el que se manifiesta, de manera más superficial, en el cuerpo físico, dando lugar a desajustes funcionales o a lesiones orgánicas.

Quién conozca un poco el mundo de la energía, que es el de la realidad del hombre, le resultará obvio que los problemas corporales – salvo los ocasionados por accidentes o por causas genéticas importantes– son el resultado, siempre, de los desequilibrios internos de la energía, constituyendo su forma de manifestarse en el cuerpo.

Es decir, las "enfermedades" no son otra cosa que la traducción a la "forma" externa del cuerpo de los desequilibrios originados en el "contenido interior" de la energía. También aquí, en el plano de los desequilibrios, lo interior es causa de lo exterior, y esto, lo exterior, es consecuencia y expresión de ello.

Pero como ocurre que la gente no suele sentir su cuerpo físico, no se da cuenta nunca de ese largo proceso de desequilibrio que se va originando en su interior, y del cual sólo podrían ser conscientes si sintieran la energía. En consecuencia, para ellos el desequilibrio comienza – como para el médico, casi siempre – cuando se produce una disfunción corporal, un dolor, o cualquier otro signo externo discapacitante o doloroso. Sin embargo, eso constituye – si es que hemos entendido algo – el final de un largo proceso de desequilibrio iniciado en el interior de forma previa. Luego, lo que siente la persona en su cuerpo u organismo – como disfunción o lesión – no es el problema, sino la consecuencia del problema, el cual se halla situado a un nivel mucho más profundo.

Esta génesis del problema, tan alejada de lo que ellos sienten, resulta muy difícil de entender para el hombre normal.

Para ellos un dolor es una cosa local, que debe de ser fácil de quitar y de forma rápida, al modo en que actúan los analgésicos. Para ellos la "curación" es la rápida supresión de algo, llamado enfermedad, - en la cual, por descontado, piensan que no han tenido arte ni parte –que nada tiene que ver con la puesta en marcha de un proceso, largo y costoso, de recuperación de la salud, el cual precisa remontarse a los orígenes y solucionar no sólo los efectos sino las causas.

En la práctica de la R.E. estos tres niveles de desequilibrio se entremezclan entre sí, obligando a la energía a actuar indistintamente en cada uno de ellos, de acuerdo al grado de desajuste producido en cada caso y a las prioridades que plantean de cara a la consecución del equilibrio general.

En resumen, los tres niveles de desequilibrio son los producidos por:

  • Los desajustes en el plano energético estructural profundo.

  • Los estados de tensión a causa de la ansiedad.

  • Los problemas orgánicos.

 

5 – EL EQUILIBRIO RELATIVO.

Poner equilibrio en una persona, a través de la R.E., no significa poner en esa energía un estado de equilibrio absoluto.

Esto es imposible, y fácil de entender.

El equilibrio lo pone la propia persona, su propia energía. Pero una energía que lleva años encogida y bloqueada no puede, por obra de una sesión de tratamiento, llegar de repente a transformarse en una energía plenamente equilibrada..

Recordemos de nuevo el caso del muelle, encogido y bloqueado.

El pasar de ese estado de encogimiento, con todas sus fuerzas de recuperación bloqueadas, al de máxima elasticidad, no es cosa de un instante. Otro ejemplo: Una persona que nunca ha hecho gimnasia corporal no puede, en un solo día convertirse en un atleta. Tendrá que realizar un trabajo diario constante, compatible con su nivel de energía, a fin de poder llegar, más adelante, a alcanzar su mejor forma física.

Pues lo que vale para el ejercicio físico vale también para ese "ejercicio de la energía" que es la R.E.

Pero ni siquiera esta forma física es la óptima. Es... el máximo que esa persona, en ese momento de su vida, y con mucho ejercicio, puede alcanzar. Pero esa mejor forma física depende de muchos factores:

  • Su edad.
  • Su nivel de energía actual.
  • Los problemas corporales que tenga y que limiten su ejercicio y su desarrollo físico.
  • La frecuencia y la intensidad de su entrenamiento

Es decir, que cada persona puede alcanzar un óptimo con relación a sus propios límites (genéticos, de edad, forma de vida, esfuerzo que ponga en ello, etc.), pero no puede sobrepasarlos. Por eso cuando hablamos de que la R.E. produce equilibrio, tenemos que referirnos, claro está, al equilibrio relativo que, en cada momento, es posible poner en una persona en función de su estado energético (desequilibrios acumulados, capacidad de su energía, etc.).

Todo equilibrio es relativo; incluso en la persona de mejor salud el equilibrio perfecto no existe. ¡Cuánto más en la persona que parte de un estado de gran desequilibrio!.

¿Cuál es entonces la acción de la R.E.?. Pues algo muy importante, imposible de alcanzar por otros medios: el cambiar su estado de bloqueo y paralización energética por otro estado nuevo caracterizado por un nivel superior de dinamismo energético, de respuesta vital y de recuperación.

Cada tratamiento es un paso en dirección a la consecución de su mejor estado energético posible, pero no es un milagro. El que esté interesado en milagros que se abstenga.

Cada tratamiento pone un nivel de equilibrio relativo. Pero es que eso ya es mucho, algo inalcanzable a la mejor de las medicinas. Cada tratamiento es un paso adelante, un peldaño más que se sube hacia la salud.

El problema es: ¿Cuántos peldaños va a querer subir la persona?, ¿cuántos pasos va a querer dar en dirección a la salud?.

¿Todos los que sean necesarios?. No, de ninguna manera. La gente se cansa antes. En cuanto comienzan a desaparecer los síntomas que la preocupaban, piensa que ya está todo conseguido y que el seguir es sólo pérdida de tiempo.

De esta manera, su recuperación es sólo superficial, casi nunca profunda. Es cierto que la "planta" ha comenzado a echar hojas y a crecer, pero carece aún de raíces fuertes y profundas.

Y aunque en el plano corporal la persona haya recuperado mucho, ¿cuánto ha recuperado de centramiento en su plano energético profundo?.

Este es el objetivo más importante de la R.E., el objetivo que ninguna terapia o medicina pueden producir, la mayor ayuda para la persona y su desarrollo.

Sin embargo, a nadie le importa el centramiento, por más que se les explique. Primero, porque no lo sienten, ya que no dedican atención sentirse a sí mismos. Segundo, porque todo lo que no sea enfermedades carece para ellos de relevancia, ya que viven sólo instalados en la superficie del mundo exterior.

Por eso se van sin haber intentado conseguir lo más preciado, el centramiento. Pero no es sólo eso, es que el centramiento se va dando a la vez que la persona va progresando en su camino interior evolutivo. O sea, que una es la acción de la R.E. en el campo de la salud convencional, y otra en el de la evolución interior, mucho más importante que la anterior.

 

 

 

Fig. 61

Una persona puede sentirse satisfecha – es lo más corriente – con alcanzar los primeros niveles de salud corporal. Otra, puede exigirse llegar a un punto más avanzado de este proceso. Pero son pocas las que se dan cuenta de que el valor más importante es el que se deriva de su propia evolución interior, impulsada rápidamente por la ayuda de la R.E., la cual evolución interior se da, lógicamente, a la vez que se sigue cuidando del equilibrio corporal. Pero es como si éste hubiera pasado a un segundo plano. Primero, porque han sido ya muchos los logros en él conseguidos. Además, porque la persona ha comenzado a valorar más prioritariamente los cambios de su interior que los de su exterior.

Esto explica que sean algunas las personas que continúan viniendo a la R.E. después de haber pasado diez o quince años desde que comenzaron a hacerlo. Entonces su objetivo era uno. Ahora, con otro nivel de maduración, el objetivo está mucho más centrado en su evolución interior.

 

6 – LA CONSECUCIÓN DEL EQUILIBRIO.

El equilibrio que se trata de conseguir a lo largo de la R.E. depende de dos factores:

1 – Del equilibrio que ya tenga la persona, en su totalidad.

2 – Del problema concreto que le haya hecho acudir a la R.E.

Si la persona goza de buena salud y equilibrio, pero viene por un problema local, entonces la energía se va a dirigir directamente a este problema local.

Por ejemplo, puede ser un deportista con una lesión accidental. O puede ser una persona bien equilibrada pero con un punto débil genéticamente como puede ser el de los riñones, que en un momento determinado le produce lumbalgias dolorosas.

En el caso del deportista, la energía acudirá a su esguince, distensión, contractura muscular. También es posible que haya que actuar en su estado de ansiedad – a través de la nuca y el punto C, de la boca del estómago – porque suele ser normal que este exceso de ansiedad, en los deportistas, produzca una falta de capacidad de recuperación muscular que luego se traduce en lesiones de forma aparentemente inocente.

En el otro caso, la lumbalgia no es un problema de acumulación de tensión sino de debilidad genética. Sin embargo, también en este caso la ansiedad juega un cierto papel.

Imaginemos una cadena sometida a tensión por sus extremos. Si la tensión aumenta, y la resistencia de los eslabones no es la misma, la rotura se va a producir, indefectiblemente, por el eslabón más débil.

Así ocurre en el cuerpo humano, compuesto por órganos y funciones de diferente fortaleza y debilidad.

Si esta "cadena" que es el cuerpo se somete a tensión, a través del esfuerzo diario, la ansiedad, etc.. es evidente que van a ser los eslabones más débiles – los genéticamente más débiles – los que primero van a acusar el esfuerzo. Por eso decía Hipócrates que lo primero era encontrar "el punto débil" de la persona, el "locus minus resistenciae", porque es a través de ese punto débil por donde el organismo falla, es decir, por donde la cadena se rompe.

Que esa es una debilidad genética es evidente. Pero sin embargo, la persona insiste en "que nunca le había pasado". Claro, cuando se es más joven hay más energía y menos tensiones acumuladas. Pero cuando la ansiedad desborda la capacidad "del vaso" lo hace a través de ese punto más débil. El que se produzca antes o después depende de su nivel de energía, del grado de debilidad congénita, y del tipo de vida que haya llevado hasta ese momento.

La debilidad congénita no puede eliminarse, pero lo que sí puede hacerse es reducir la tensión de la cadena.

 

 

 

 

 

 

 

Fig. 62

Ese quitar tensión a la "cadena" corporal es algo sumamente sencillo para la R.E. Y es que, de no tratarse de debilidades congénitas extremas, basta con equilibrar la energía del cuerpo para que todas sus partes, incluidas las más débiles, funcionen sin problemas.

Pues bien, en el caso del ejemplo segundo, se pueden dar dos variantes:

  • La primera es la que se caracteriza por un problema esencialmente local, en los riñones, si su estado energético es suficientemente bueno. Entonces las manos irán inmediatamente a las zonas correspondientes a los riñones en la espalda y el vientre, haciendo que esa zona vacía se llene.

  • La segunda es que ese estado de vacío renal sea la consecuencia de un desajuste global de energía, por haberse acumulado ésta en exceso – a causa de la ansiedad – en la zona alta de la espalda, agravando la debilidad genética. En este caso, lo primero será, probablemente, el tener que reducir el exceso energético de la zona alta, permitiendo que la energía baje a los riñones. Solo entonces será cuando las manos vayan ya directamente a los riñones para solucionar su vacío energético.

La consecuencia es la de que, en el proceso de consecución del equilibrio, la parte está siempre íntimamente conectada con el todo. Incluso en los problemas aparentemente locales, si no se actúa con rapidez, el desequilibrio local acaba degenerando en un problema más general.

Imaginemos el caso de una torcedura de tobillo. En estos casos hay que actuar muy rápidamente: con agua fría, compresas de arcilla frías, y a través de la R.E.

Pero si pasan varios días sin tratamiento adecuado, la situación se complica.

En primer lugar, la persona lesionada comienza a cargar el peso en la otra pierna, con lo que ésta comienza a tener también un desequilibrio notable por el exceso de carga. En segundo lugar, la zona afectada por el esguince – originalmente, un punto – comienza a extenderse, afectando a todo el tobillo y el pie, y ascendiendo por la pierna. Y como, sin duda, el lugar del esguince se produce sobre un meridiano de energía conectado a algún órgano importante, es posible que, de modo indirecto, la persona comience a tener problemas relacionados con este órgano afectado, aunque inicialmente ni ella misma se dé cuenta. Y, a todo esto, hay que añadir el estado de ansiedad, que la persona tenía ya antes del accidente, que se va viendo aumentado como consecuencia de su nueva situación estancada, al ver que no mejora, que está de baja, etc.. Todo lo cual es origen de que, a través de esa ansiedad generalizada, la totalidad del estado de la persona se vea comprometido.

Son ejemplos sacados de casos reales, con nombre y apellidos.

Se trata, por tanto, de poner equilibrio en la parte más directamente afectada y en la totalidad. El problema es de la suficiente complejidad como para que la mente humana, incluso ayudada por el mejor ordenador, sea incapaz de acometerlo. Además, cada paso que se da en el equilibrio, plantea una situación nueva, de cambio total de variantes, equivalente a la situación primera del comienzo.

¿Cómo introducir cada nuevo dato?. ¿Cómo afecta cada nueva acción al equilibrio local y general?. ¿Cómo tener en cuenta que, a medida que se va poniendo equilibrio en la persona, van apareciendo problemas profundos de los cuales ni siquiera la persona era consciente?.

Evidentemente, el andar a ciegas por todo este intrincado mundo del equilibrio energético sólo es posible cuando somos llevados de la mano, en todo momento, por la inteligencia de la energía vital.

Es ella la que actúa y nunca se equivoca. Podremos equivocarnos nosotros por impericia, pero nunca ella.

Equilibrar la energía de un cuerpo es parecido al proceso de pintar un cuadro.

Un cuadro posee muchas zonas diferentes, al igual que un cuerpo. Al pintar se va avanzando en todo el cuadro a la vez, porque lo que importa es que, en cada momento, se dé una imagen de la totalidad y una imagen equilibrada. De esta manera, durante el proceso de pintado, cada parte del cuadro tiene un nivel de terminación similar al de las restantes.

Es decir, que cuando se comienza a pintar una zona no se continua hasta su total terminación, dejando el resto sin iniciar, sino que se dan unos toques en una zona, se deja, se sigue con otra, se vuelve a la primera, etc. de forma que todo el cuadro avance armónicamente.

Pues igual ocurre en el cuerpo. Porque éste, de cara a su funcionamiento, e independientemente del nivel de bloqueos que tenga, debe actuar siempre como un todo, lo que significa que unas partes del cuerpo deben de apoyarse en otras, a fin de que pueda darse una similar capacidad de respuesta en todas ellas siempre que sea posible.

Al trabajar con la energía en una zona, lo que estamos haciendo es elevar el nivel de respuesta de esa zona con respecto a las demás, lo cual puede hacerse sólo dentro de ciertos límites. En efecto, debe de haber una analogía entre unas zonas y otras, para que el trabajo conjunto pueda realizarse.

Por el contrario, si el proceso de equilibrio pudiera llevarse hasta el final en una zona, la diferencia con el resto del cuerpo, en términos de respuesta, sería excesiva, por lo que ese equilibrio excesivo sería ineficaz de cara a la práctica del conjunto.

Por eso la energía, que es sabia, nunca llega, en el trabajo con un punto hasta su equilibrio total – lo cual, además, no podría ocurrir –.

Al contrario, una vez conseguido un primer grado de equilibrio en una zona, la energía se dirige hacia otra, a fin de que ésta aumente también su nivel de respuesta y de que la totalidad del cuerpo pueda mantenerse equilibrado.

El proceso seguido en el equilibrio es, por tanto, por fases, pasando de unas zonas a otras, del desequilibrio local al general y de nuevo al local, de modo que la energía se dirige siempre hacia la parte más necesitada dentro de la visión global del estado general del cuerpo. Esta forma de trabajo es sólo la consecuencia de la totalidad que es el cuerpo, la cual totalidad nunca ha sido entendida por la medicina, incapaz de trabajar en ella debido a su desconocimiento de lo que es la energía y de la forma de actuar sobre ella.