LA REGULACIÓN ENERGÉTICA

CONCLUSIÓN

 

Quisiera destacar, como resumen de este trabajo, una idea clara que está presente desde el primer capítulo hasta el último.

Es ella la de la coherencia.

Coherencia entre las ideas fundamentales y las aplicaciones prácticas, entre el todo y la parte.

No es un sistema, la R.E., que pueda cogerse "por las ramas", al modo de otras muchas técnicas, yéndose por derechas a la aplicación de la técnica, sino que uno debe de tener bien asumidas las ideas previas, las cuales son como el cimiento de todo el edificio. Porque de un edificio se trata, elevándose desde el suelo, donde se sitúan los cimientos, hasta el desarrollo del último detalle práctico, pero siguiendo todo un camino coherente y lógico, en el cual todo está contenido en todo.

Por ello no es posible desgajar una parte para aprenderla como técnica de forma rutinaria.

Entre otras cosas porque la R.E. es cualquier cosa menos una técnica. No es un objeto manejable, ni un conjunto de conocimientos, sino algo que surge como consecuencia de una realización previa y que se dirige "del interior al interior", de "mí" interior a "su" interior. La técnica, por el contrario, nada sabe de interiores y sí mucho de exteriores, siendo puro artificio.

La R.E. contacta con el ser más profundo del hombre, ese que tantos ponen en entredicho, y demuestra su existencia, su razón de ser, su necesidad y sus efectos prácticos a través de sus resultados, conseguidos éstos a través de muchos años y con miles de personas.

A las pruebas me remito.

No se trata aquí de manejar "agujas", "moxas", diluciones homeopáticas o medicamentos.

No hay rayos láser ni técnicas quiroprácticas.

Todo es mucho más sencillo y, a la vez, más profundo y misterioso. Porque cada vez que se colocan las manos sobre un cuerpo, sin querer hacer nada, sintiendo su energía, surge el misterio de la vida y de la fuerza correctora que se esconde en el individuo, todo lo cual nos lleva de la mano a sentir su ser profundo y a interrogarnos sobre la esencia de ese ser.

Muchas han sido, durante años y años, las interrogantes que me han ido surgiendo en el trabajo. Pero muchas más, antes, han sido las horas y horas de trabajo silencioso, sin mente, dejando sólo que mi interior se fuera empapando de todo cuanto allí ocurría.

De esa manera, después de muchos años, en los que conviven la práctica desnuda junto con las preguntas sin respuesta, se van filtrando conclusiones y luces que, con el tiempo, se transforman en respuestas claras a las cuestiones más fundamentales al menos.

No quiero decir que todo esté explicado, ni mucho menos.

Simplemente es una rendija de luz que ilumina algunos de los aspectos básicos que más importancia pueden tener para el hombre.

Pero todo ese mundo de la energía vital y del alma está ahí, para ser explorado por cada uno, en sí mismo primero, y a través de los demás luego.

Las posibilidades de profundización, si es eso lo que se desea, son ilimitadas. Pero todo nuevo conocimiento debe descansar en la asimilación de los conocimientos previos a través del trabajo personal y de la práctica, y mi experiencia con las personas es la de que son muy pocas las que realizan esta tarea de asimilación para poder progresar.

En el fondo, todo lo que puede explicarse con palabras, o con imágenes, es sólo como los ladrillos con los que se construye un edificio, pero nada tienen que ver con éste.

Es cada uno, luego, el que tiene que levantarlo, colocando cada ladrillo en su sitio con su esfuerzo.

Y, sobre todo, tiene que dotar de fuertes cimientos a ese edificio, los cuales tiene que construir en sí mismo a través del desarrollo del propio centramiento, sin el cual no hay nada, ni edificio, ni R.E., ni desarrollo personal.

Por eso, lo primero es el trabajo en sí, de forma constante, día a día, porque sólo de lo que uno posee se puede dar luego a los demás.

También hay que aprender a vivir en salud por sí mismo, y saber lo que eso significa, desmontando viejas ideas y construyendo una nueva forma de pensar más equilibrada.

Hay que experimentar continuamente en sí mismo, y andar a solas el camino, para encontrar las propias soluciones y adquirir la propia independencia. Sólo así se podrá enseñar a los demás a ser también independientes, a vivir con sus propios recursos.

Poco a poco la idea de que existe la energía vital en el ser humano irá calando. Ahora quienes así hablamos somos sólo adelantados a nuestro tiempo, en cierto modo incomprendidos y marginados. A su vez, hubo otros que nos precedieron, y habrá otros más adelante que podrán desarrollar mejor lo aquí expuesto y generalizar estas enseñanzas.

Lo cierto es que, con el tiempo, tendrá que imponerse la realidad de que el ser humano es energía y de que debe vivir en función de ella.

Esto implica varias cosas:

Conocerla y vivirla, primero.

En segundo lugar, aprender a realizar cada día lo que denomino la "higiene energética", al igual que se ha aprendido ya a realizar la higiene de la cultura física y, antes, la de la limpieza corporal.

Higiene que consiste en ese tiempo diario destinado a la regulación de nuestra propia energía para así poner orden y limpieza en nosotros, vaciando la cabeza y profundizando la respiración.

En tercer lugar, el que cada vez grupos minoritarios más amplios se dirijan a la R.E. como forma eficaz para su cuidado físico, su equilibrio energético y su desarrollo interior.

Esta nueva forma de ser llegará pronto, porque es la forma de ser y de vivir acorde con los nuevos tiempos en los que todo se globaliza y se comprende de forma integrada. Así, el hombre deberá ser entendido desde la única perspectiva integradora del cuerpo y del alma, que es la que suministra la energía vital, la fuerza unificante y totalizadora por excelencia, sin la cual el alma y el cuerpo sólo pueden ser entendidos – como antaño – como antagonistas irreconciliables.

La R.E. es un camino de comprensión práctica del ser humano, y la experiencia continua de su trabajo con la gente pone a prueba, a diario, la verdad de sus fundamentos.

Lo cual no quita para que una gran mayoría quiera seguir practicando los caminos de las medicinas oficiales y viviendo de la misma forma fácil y pasiva, por el camino de la incomprensión y del menor esfuerzo. Pero no es a ellos a quienes van dedicadas estas páginas, sino a los otros, a los que sienten en ellos la sed de saber, de conocerse y de llegar siempre más alto o, lo que es lo mismo, más adentro.

Dentro de las necesidades evolutivas propias de la nueva Era, la más característica es la de llegar al alma y vivir desde ella.

De ahí la importancia de la R.E.: no sólo como camino de salud, sino como camino de realización interior, para conectarse con el alma.

Y si es cierto que ha habido antes, desde hace muchos siglos, sistemas terapéuticos basados en la energía, y que ha habido también culturas basadas en el desarrollo del Hara como centro de energía, también es cierto que es esta la primera vez que se pone en conexión todo ello, relacionándolo de forma clara, explicándolo en función del alma, y permitiendo realizar un trabajo de SALUD que no se quede sólo en el cuerpo, o en la energía, sino que sea factor decisivo de evolución del alma.

Es preciso insistir en ello, porque ningún otro trabajo con la energía produce este efecto de despertar del alma y de comunicarla con el cuerpo a través del equilibrio de la energía vital organizada alrededor de su centro.

Algunas veces los conocimientos sobre el mundo de la energía eran celosamente guardados por los maestros orientales. Otras, éstos conocimientos eran transmitidos como un cuerpo de doctrina infalible de la que no se podía discrepar.

Pero ahora todas estas cosas se ponen al alcance de todos los que las precisen porque es el tiempo de que eso suceda.

Y esta exposición que se hace de ellas es totalmente nueva y comprensiva, surgida de la luz propia de estos tiempos.

Que pueden ser causa de evolución para las personas, es mi deseo.

Pamplona, Marzo del 2000